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Una travesía épica con sabor amargo en el Río San Jerónimo

Una publicación en Facebook invitaba abiertamente para recorrer uno de los ríos de las grutas de Cacahuamilpa en el estado de Guerrero, anteriormente mi hermana había recorrido el Chontalcoatlán con el Grupo Alpino Pax y por lo que me platicó se antojaba hacer el recorrido no importando terminar todo enlodado, pero la experiencia de caminar por unas grutas contagiaba el deseo de hacerlo, desde que leí la novela de Julio Verne “Viaje al centro de la tierra” siempre quise caminar por grutas y tratar de ver un poco lo que hay ahí, las formaciones rocosas, ríos subterráneos, piedras, etc. En esta ocasión el recorrido sería en el otro río de las grutas de Cacahuamilpa, el San Jerónimo, todo indicaba que sería una grata experiencia sin mayores sustos; por lo que sabía, era temporada de estiaje, el río tendría poca corriente y la mayor parte del recorrido habría que caminarlo con el agua hasta las rodillas o en casos extremos nadar unas pozas con mayor calma, esto último me preocupó pues no soy muy ducho nadando que a veces llego ahogarme hasta con un vaso de agua, pero contemplando que llevaríamos chaleco salvavidas y que no habría mucha corriente me animé sabiendo que el fin de semana lo tenía libre aprovechando también que los cursos sabatinos de Arduino se habían suspendido hasta después de semana santa.



Dormí solo tres horas antes de partir, tenía pendientes por terminar y hasta que terminé de configurar un par de servidores me fui a dormir, apurado me desperté aunque tenía ganas de seguir durmiendo, me paré a las 7.30 a.m. ya mi mochila estaba lista desde la noche anterior, así que me di una ducha y me fui listo para la acción con un short, una camiseta, un chaleco, unos tenis y la gorra, en la mochila llevaba lo necesario para la travesía, un cambio de ropa, otros tenis, mis audífonos, la cámara con un lente angular adicional, una batería de repuesto, una bolsa seca, lámpara de led con baterías nuevas, vendas, protector solar, las gafas y un impermeable, no era necesario algo más.


La mañana amanecía cálida y de un amarillo sonriente que iluminaba todo lo visible, coloreando el verde de los árboles contrastando con las sombras que producía, por lo que no sentí remordimiento en no llevar ropa abrigadora, menos en guerrero donde el calor abrazable te hace olvidar de arrumacos invernales.


09:15 a.m. estaba en el lugar de partida, a las 10.00 a.m. ya todos abordo en el autobús partíamos emocionados en esta aventura que pocos conocían y solo dos o tres ya tenían idea de lo que nos esperaba en el río San Jerónimo. Un grupo heterogéneo desparramábamos algarabía dentro del autobús, chavos, chavas, mujeres y hombres de edad adulta, algunos incluso ya rebasando los 50s, pero la edad ni el género tenían la mayor importancia cuando la actitud es tan jovial como los ímpetus por vivir la edad solo pasa a ser algo estadístico.


13:00 p.m. en punto estábamos en el mercado de Cacahuamilpa, la predicción exacta de la hora llegada indicada por el guía nos sorprendió. Al llegar, el compañero Heriberto se nos unió, el había viajado por cuenta propia desde Taxqueña hasta Cacahuamilpa.


La idea era comer ahí, para tener suficientes energías, pues el plan sería caminar durante la noche la mitad de la gruta, acampar unas horas en algún banco de arena y al día siguiente continuar el recorrido. Se planeaba hacer un recorrido total efectivo de doce horas máximo, por lo que había que ir bien alimentados pues saldríamos hasta el día siguiente. Nadie escatimó en la alimentación, algunos disfrutando de un pollo frito, otros pechuga de pollo, otros más una milanesa empanizada de res y algunos unos chilaquiles, con una rica agua de Jamaica, todos se olvidaron de alguna dieta rigurosa y satisficieron el antojo dándole mayor gusto al paladar. Se respiraba un aire de tranquilidad, vibra absoluta parecía que el buen sabor de la comida deleitaba también el buen ambiente que ahí se vivía.


Al estar ahí comiendo, otro aventurero se nos unió, llegó desde Toluca directamente a Cacahuamilpa y por lo que escuché llevaba rato esperándonos, había sido invitado por su prima, una compañera que venía con nosotros en el autobús.


Después de los sagrados y necesarios alimentos, cada quien comenzó a rentar lo que necesitaba para la travesía como chalecos salvavidas, casco, mochibotes o lámparas. Los mochibotes son botes cilíndricos de plástico o cubos rectangulares de metal de los que usan los albañiles para acarrear la mezcla que en este caso sirven para llevar las cosas de una forma segura sellándolos con un aro o con cera de campeche, de tal manera que no permitan que se mojen lo que ahí dentro se lleve, como comida, cambio de ropa, manta para dormir, equipos electrónicos, etc. Toda una tradición en Cacahuamilpa es llevar los mochibotes, algo así como ir a Xochimilco y subirse a una trajinera en vez de recorrerlo en un bote con motor. Yo solo renté un chaleco salvavidas; llevaba el casco que uso para las montañas; mi lámpara al ser de led, las pilas pueden durarme hasta 50 horas continuas de uso, contrario a una lámpara de halógeno que unas baterías pueden durar unas 4 o 5 horas, aunque la iluminación es más potente con una lámpara de halógeno que con una de led; en vez de mochibote llevaría mi bolsa seca de 10lts, no es muy grande pero solo llevaría ahí un litro de agua, una pepsi, en vez de unos snickers llevaba un dulce tradicional de leche con nuez que andaban vendiendo ahí las señoras, unas galletas, mi cámara, el lente angular, una batería de repuesto, unas calcetas y una playera para usarla al acampar; en el portaequipaje del autobús dejaría la mochila los audífonos, los otros tenis, una bermuda para cambiármela al salir del recorrido, el impermeable y mi celular.


Todos estábamos listos al pié del autobús, mientras disfrutábamos una nieve en espera que el guía anunciara la partida, el sol pegaba muy fuerte y por lo que escuché no había llovido en toda la semana, aunque comenzaba a nublarse pareciendo que esa tarde noche la lluvia llegaría, el guía se mostraba algo decepcionado al respecto, pues esperaba que al menos un par de días antes lloviera para que el río tuviera más afluencia y hubiera más volumen de agua para cruzar nadando en vez de “caminarlo”.


A las 16.30 p.m. abordábamos el autobús, este nos llevaría hasta la vereda, donde habría que bajar caminando unos tres kilómetros para llegar a la boca de la gruta donde comenzaríamos el recorrido.


17:00 p.m. llegábamos a la vereda, en el asiento del autobús dejé un libro y mi chaleco, abajo en el portaequipaje dejaba mi mochila, solo llevaría la bolsa seca, mi idea era ir ligero para no tener complicación en los tramos angostos, y también, ante mi temor de no saber nadar pues no quería llevar algo que me obstruyera en caso de algún peligro, quería mantenerme “ágil” para maniobrar en caso dado.


Pagamos 25 pesos a los comuneros de Cacahuamilpa para que nos permitieran el acceso, todos ya estaban preparados, el autobús nos dejaba y retornaba al mercado de Cacahuamilpa. Después de unas breves instrucciones, el guía nos indicaba que había de caminar para llegar al río. Uno tras otro en fila descendían por la seca, angosta y agreste vereda, con un paisaje de selva baja, aunque por los calores de la temporada se notaba la sequía de las ramas y arbustos. Yo era de los últimos, estaba a punto de unirme a la marcha, cuando escucho a Jaime preguntar de quien era una mochila que estaba ahí, en eso volteo y veo que es mi mochila, alguien al bajar sus cosas del portaequipaje también bajó mi mochila y no la volvió a subir, la dejó ahí tirada, en ese momento me saqué de onda y mostré cierto enojo ante el descuido de quien lo hubiera hecho, pero no había forma de dejarla, el autobús ya se había ido y ni para dejarla a los comuneros, no sabía ni donde vivían o si los vería a la salida, por lo que me tragué mi enojo y sin más remedio tuve que cargar con mi mochila, algo fuera del plan y no me gustaba, pero sé que en la montaña algo que cuenta es la actitud y estaba a punto de maldecir cuando recapacité y cambié el switch a positivo.


El bajar por aquella vereda fue tranquilo, tomando algunas fotos, el andar era lento y conforme íbamos bajando la vegetación iba cambiando, de un paisaje seco a un paisaje de vegetación más abundante con árboles más verdes y frondosos. La vereda comenzaba a descender por las orillas de un arroyo seco, por lo que decidí salirme del camino y bajar entre las piedras del arroyo seco, mis rodillas empiezan a tener mejoría y lo sentía al ir saltando entre las grandes piedras, era más fácil y rápido bajar de tal forma que seguir el camino por la vereda al paso del grupo, eso me ayudó a disminuir la tensión y a liberar un poco la adrenalina, algo que necesitaría al llegar al río. Mientras nos íbamos acercando, cada vez era más fuerte el sonido de la corriente del río, ese sonido que parece un ruido de interferencia, pero no es más que por la colisión del agua generada a su paso. No era el único sonido notable en aquel descenso, entre los alrededores se escuchaba el ulular de un tecolote, no paraba de hacerlo y era de llamar la atención por la hora, apenas eran poco más de las cinco p.m., pocas veces había escuchado un Tecolote a esa hora, lo he escuchado ulular toda la noche en las faldas de la Sierra Negra o cuando me perdí con mi hermana en la sierra de Oaxaca y pasamos la noche en la montaña, algo tiene el canto de esa ave nocturna que al oírlo genera cierto escalofrío, lo primero que viene a la mente es aquella frase popular de la cuál solo piensas es para superticiosos y tratas de evadir la idea.


Después de cincuenta minutos todo el grupo ya estábamos reunidos en el Río San Jerónimo, a 80 metros de la boca de la gruta. No se hicieron esperar las primeras fotos, el río aunque no estaba muy crecido si mostraba cierta corriente y mi esperanza de tomar fotos dentro de la gruta se iba desvaneciendo, pues al principio cuando dijeron caminar en el río imaginé que las manos las tendría libres para cargar la cámara y capturar esos momentos, pero por la corriente que llevaba si ocuparía las manos para agarrarme de una piedra o poder equilibrarme al ir avanzado dentro del río, me arrepentí de no comprar una bolsa impermeable especial para la cámara o adquirir una cámara de acción más ligera contra agua y caídas.


Le di un sorbo al agua que llevaba, al no tener en planes llevar la mochila, tuve que hacer unos ajustes para tratar de mantener a salvo en la bolsa seca la cámara, el lente, la batería, el celular, los audífonos onkyo, el dinero, la ropa de cambio, las galletas y el dulce, en la mochila aunque se mojaran, llevaría los tenis, el agua, la pepsi y el impermeable.


En ese momento nadie deseaba meterse al agua aún, todos caminaban entre las piedras para admirar el paisaje y tomarse las primeras fotos del recorrido.


El guía llamó a todos, se paró sobre una piedra, nosotros alrededor de él para escucharlo aunque el ensordecedor sonido del río nos hacía pedirle más de una vez que repitiera lo que decía, comenzaba a dar las indicaciones y el plan del trayecto. El plan sería avanzar la mitad de la gruta -la cuál comentó que tiene una distancia de 12 km-, acampar en un banco de arena y al día siguiente continuar la otra parte de la gruta. Todo sonaba fácil, hasta que más serio dijo que ahí cada año al menos había un muerto, pero que nada sucedería si seguíamos sus indicaciones, en ese momento los rostros relajados algunos hasta sonrientes empezaron a mostrar tensión, incluso yo me puse tenso deseando no ser parte de la estadística.


Las indicaciones básicamente fueron ir en fila uno tras otro sin querer rebasar; no nadar en crol lo preferible era hacerlo en forma de escuadra con los pies al frente, esto ya que al haber muchas piedras bajo el agua, es más fácil sensarlas con los pies y evitar darse un golpe, eso pasaría si se nadara con la cabeza al frente; en los tramos donde se caminara sobre el río, hacerlo con cuidado pues habría algunas piedras muy resbalosas; en las pozas habría que seguir el recorrido del guía uno por uno, y no nadar en paralelo pues podría adentrase a una zona de corriente; en los tramos donde se caminara sobre piedras, hacerlo con cuidado para no tropezar, resbalarse o caerse; habría que usar calcetas, debido a la cantidad de arena que pudiera meterse al zapato para evitar ampollas; hidratarse constantemente; consumir dulces cada que sea posible ya que al entrar y salir del agua constantemente, el cuerpo al tratar de recuperar la temperatura consume energías por lo que era necesario tener calorías necesarias, por eso mi comida eran energéticos y llevaba galletas, una pepsi y el dulce de leche con nuez; ponerse el salvavidas, algo obligatorio aunque fueran expertos nadadores; y la última indicación fue que nadie iría adelante del guía ni tampoco nadie quedaría atrás del retaguardia.


Jaime y Ome serían los retaguardias y Jonathan -el guía- conduciría la travesía, sus años de experiencia conociendo los ríos nos daban confianza y todos atento seguíamos sus indicaciones.


Ya todos con chalecos salvavidas puestos, cascos y lámparas ajustados, mochilas o mochibotes comenzábamos a enumerarnos, me tocó el 16 de un total de 49, la idea era enfilarnos y caminar en ese orden, pero al final si caminamos en fila pero no en el orden enumerado y como siempre me quedé con los últimos. Algo que no hicimos en esta ocasión fue pedirle permiso a la montaña, o en este caso al río, como tradicionalmente lo hacemos con caminantes extremos cada que nos adentramos a una montaña.


Mientras estábamos ahí otro grupo de unas quince personas llegaban al río. Nosotros comenzamos a caminar los primeros metros y poco a poco la corriente del río nos obligaba a tomar la postura que nos había indicado el guía llevando los pies por delante, mi inexperiencia me costó los primeros golpes en las rodillas pero poco a poco fui aprendiendo la postura, la corriente nos fue adentrando hacia la gruta, y la efímera luz de la tarde poco a poco iba quedándose atrás y el reino obscuro de la gruta comenzaba a imperar, hasta que después de pocos minutos llegamos a la primer poza, ahí nos reagrupamos, mientras dejábamos pasar al otro grupo que venía con mayor movilidad.


Continuamos el recorrido hasta llegar al primer tramo donde pudimos caminar sobre arena y piedras, desde ahí se alcanzaba a ver el hueco de la gruta que mostraba la desvanecida tarde convertida en azul tenue que indicaba que la noche se aproximaba en el exterior. No dudé en sacar mi cámara de la bolsa seca y tratar de capturar ese momento único en mi vida, cuándo voltee a ver tal momento, me quedé sin palabras, en ese momento le dije a un compañero que volteara, sin duda es de esos momentos que nunca se borran de la memoria.


Nuestra presencia ahí no pasó desapercibida para los murciélagos, que su chillido comenzó a resonar en la entrada de las grutas, ahí el guía nos dio otra recomendación que se le había olvidado: No agarrarse de las piedras, pues el guano o excremento de los murciélagos es tóxico para el humano, aunque esto último parece no ser del todo cierto, ya que el excremento de los murciélagos si acaso llega a ocasionar problemas respiratorios en los humanos por el hongo que produce. Pero por las recochinas dudas, el andar en tierra y piedras fue tratando de hacerlo con equilibrio para no agarrar el excremento de los murciélagos que se esparcían entre las piedras.


El avanzar se hizo nadando en pozas donde la corriente nos llevaba y caminando en tramos de piedra y tierra, el grupo poco a poso se iba segregando y aunque no era de complejidad los primeros tramos, la inexperiencia de muchos de caminar entre rocas iba alentando al grupo.


Las grutas eran completamente obscuras, las lámparas divisaban el andar del grupo pero si estuvieran apagadas habría una completa obscuridad. El agua se sentía tibia a pesar que el San Jerónimo es un río que se produce por el descongelamiento de los glaciares del Nevado de Toluca, y afuera la temperatura era de 16 grados por lo que marcaba mi reloj.


El recorrido seguía por pozas de nado tranquilo; luego en tramos donde la corriente comenzaba arreciar y había que ir con cuidado con los pies por delante dejándonos llevar, a veces dándonos tremendos golpes en las rodillas, espinillas o tobillos; y en algunos otros puntos cuando la corriente aumentaba era ir agarrados de la pared de la cueva, poco a poco impulsarse y a veces con las yemas de los dedos sostenerse del primer hueco que tuviera la pared de la gruta para no adentrarse a la zona de corriente y mantenerse en zona segura.


Era un respiro cuando salíamos del agua y caminar sobre arena, piedras y tierra, al menos ahí por más que hubiera que escalar, saltar o dejarse resbalar entre las piedras, para mi era fácil que estar en el agua sin experiencia de nado.


En uno de esos tramos de arena, el guía espero al resto del grupo el cuál llevaba hasta media hora de retraso, ahí nos comentó que íbamos extremadamente lentos, si seguíamos a ese paso haríamos más de seis horas para llegar a la mitad del trayecto, por lo que sugirió que el grupo se dividiera en dos, quienes pudieran andar más rápido y quienes fueran despacio, para esto preguntó quien conocía las grutas para que condujera al segundo grupo, el más lento, una chica alzó la mano pero comentó que había recorrido una vez el SanJe pero no conocía la ruta para conducir a un grupo. Ante esto, el grupo se negó y pidió que fuera un solo grupo, el guía aceptó solicitando que avanzaran en fila avanzado lo más rápido que pudieran para no atrasar al grupo. Esto generó mayor nerviosismo y a la postre poco a poco fue separándose el grupo, pues lo que originalmente se había indicado de caminar en fila, se fue haciendo con base a la pericia de cada quien y poco a poco el grupo se fue alargando, haciéndose grupitos, habiendo espacios entre esos grupos de tres persona que se iban separando de otros grupos por más de un minuto.


El andar continuó entre pozas, deslizándose con la corriente, y tramos rocosos. En uno de esos tramos de piedra, había que estirar la pierna para ir de una piedra a otra, Ancelmo que iba atrás de mi no midió la caída y en vez de poner su pie sobre la otra piedra, la dejó ir en un hueco y cayó en secó, el sonido del golpe fue tremendo que voltee enseguida y lo vi tirado, pensé que se había roto la cabeza o fracturado algo, afortunadamente se levantó inmediatamente, se quejaba de la mano y las costillas, le pregunté si podía respirar y torcer el cuerpo -ya que alguna vez me caí en la Iztaccíhuatl y no podía respirar, tampoco torcer el torax, lo que a la postre me agravó un problema en el disco lumbar- pero por fortuna para él solo fue el golpe, el chaleco salvavidas amortiguó el golpe al cuerpo, pero si tuvo una lesión en la mano, afortunadamente llevaba una venda en la mochila que se la di, también por fortuna atrás de él venía Jaime quien es quiropráctico, rápido le vendó la mano y así continuó el trayecto con dolor en mano, aunque ya no tuvo la misma facilidad para trepar las piedras.


Aquellas grutas eran impresionantes, la falta de luz impedía ver lo impresionante que eran, pero con la poca luz que llevábamos se alcanzaban a ver las grandes paredes que llegaban a medir más de 60 metros de altura aquellas cuevas kársticas, el techo tenía unas grandes bóvedas que ni las más impresionantes iglesias tendrían, al iluminarlas parecía verse un cielo rayado, pero era por la formación rocosa de la caverna en la cuál se mezclaban diversos tipos de rocas eso hacía que el techo de aquellas grutas se vieran impresionantes. El ancho de las grutas en tramos iba desde los 10 y se extendía hasta 40 o 50 metros. Algunas paredes tenían formaciones rocosas envidiables de canteras de mármol, aunque la mayor parte formada por estalactitas de roca caliza, y al caminar dentro de aquellas grutas hacía que muchas ideas esquizofrénicas pasaran por mi cabeza, por ejemplo que pasaría si en ese momento un temblor azotara la región sísmica de guerrero o si una lluvia torrencial inundara el lugar, pero la complejidad del andar me volvía a mi concentración de mi siguiente paso o nado y me olvidaba temporalmente de esas ideas. No lograba imaginar como se habían formado esas grutas, quizá se había formado durante la era volcánica y era el paso de la lava en aquellos tiempos remotos, no tengo ni la menor idea, pero era impresionante.


Habían pasado ya dos horas desde que comenzamos el trayecto, poco a poco la corriente iba creciendo y la complejidad del recorrido iba aumentando. Después de nadar por una poza, en medio del río había formaciones rocosas que se atravesaban y había que cruzarlas, ahí la caída del agua generaba una cascada de un metro para caer a la siguiente poza, pero con una profundidad de dos metros aproximadamente, la idea era deslizarse por la roca, agarrarse de un tronco de un árbol que ahí atravesaba quizá traído por la corriente en los tiempos de lluvia y caer en la poza para seguir nadando, pero al intentar caer a la poza resbalé y la caída del agua me hundió la cabeza, mis pies quedaron hacia arriba y mi cabeza se iba sumergiendo, reaccioné rápido y como pude alcé la mano derecha y con las yemas de los dedos me impulsé del tronco y pude sacar a flote la cabeza, un pequeño susto que sucedió en un par de segundos que me volvió a la vida pero al mismo tiempo aumentó mi nerviosismo.


Un compañero que venía atrás de mi, se me quedó viendo y me preguntó si estaba bien, el había visto como me hundí pero me comentó que no podía hacer nada pues estaba esperando a que pasara ese tramo para el deslizarse de la piedra hacia la poza.


La caída del agua hacia que la corriente del río aumentara, por lo que había que ir nadando agarrándose de la pared de la cueva, el espacio de nado tranquilo en el río era de unos dos o tres metros y de ahí el resto era el paso del río con mayor corriente, la anchura de ese tramo era como el ancho de una cancha de basquetbol, por lo que había que ir con cuidado para no entrar a la zona de corriente, para un experto quizá esto sea de risa, pero cuando eres inexperto y es tu primera vez explorando un lugar nunca andado, es algo de sumo nerviosismo que requiere temple para mantener el nervio quieto y no hacer tonterías. Así nos íbamos deslizando entre las paredes de la caverna y nadando por aquellas pozas, uno tras otro. Después del inquietante avance, oigo a lo lejos voces, en ese momento pensé que eran compañeros disfrutando del “chapoteadero”, hasta me incomodó pues para mi era un tramo donde me aferraba con los dedos a la pared, lo hacía con pincitas y sus gritos me ponían más nervioso, pero los gritos no cesaban, la obscuridad impedía ver más allá de los metros de iluminación que daba la lámpara, entre más me acercaba nadando más fuerte se oían los gritos y ya no los percibía como gritos de algarabía si no de desesperación, mis pies ya tocaban fondo, miro a los compañeros que iban a un lado mío sacados de onda preguntándonos que pasaba, pensé que algún animal, insecto o lo que sea les había picado, pero estaba en esa confusión cuando de repente escuchó una voz que se iba recorriendo para que nos detuviéramos, enseguida vuelvo a escuchar una voz que nos indicaba que nos agarráramos en cadena de las manos. Trataba de imaginar que estaba pensando, los gritos eran de chicas, en eso vuelvo a escuchar ¡La cuerda! ¡La cuerda!, ¡Pasen la cuerda!, nuestra reacción inmediata fue recorrer aquella petición y sin saber exactamente que pasaba se contagió la desesperación.


Gabriel venía hasta atrás guiando a varias chicas, venía cuidándolas y para ello lo hacía con una cuerda para llevarlas con cuidado, aunque era más lento era más seguro. Gabriel siempre lleva una cuerda, nunca lo he visto sin ella, así vayamos a una caminata tranquila o a La Iztaccíhuatl, la cuerda siempre cuelga de su mochila y esta vez no era la excepción.


La voz de la petición de la cuerda se desplegó rápidamente a través del segregado grupo, que con desesperación pedíamos la cuerda y después de unos eternos tres minutos, de mano en mano se pasó hasta donde la solicitaban. Poco podía ver con la lámpara, pero al parecer dos chicas estaban aferradas a una piedra, y un compañero ya había bajado a rescatarlas, la cadena de manos fue para intentar rescatar a una de ellas y la cuerda era para rescatar a la otra que estaba en una condición más complicada.


Seguimos avanzando hasta tocar suelo firme, aun seguían en el rescate de una de las chicas, otra de ellas ya estaba a salvo, pero suplicaba que ayudaran a su primo, al parecer la corriente del río lo había jalado. En esa parte la anchura de la cueva se reducía a poco menos de diez metros, lo que hacía que la corriente del río en el lado izquierdo fuera mayor, solo había de lado derecho bordeando la caverna un espacio escaso de dos metros donde se podía flotar con cierta seguridad, pero entrando al umbral de la corriente se volvía más complejo por lo angosto del lugar lo que aumentaba la corriente del río, el llevar el chaleco salvavidas y un mochibote en algunos casos, hacía más fácil ser arrastrado por la corriente y más difícil de nadar en contra de ella.


Una chica que ya estaba en aquellas rocas, desde arriba decía, ¡Ayúdenlo! ¡Ayúdenlo! Comentaba que había visto como la corriente se llevaba a alguien y lo distinguía por la luminosidad de su lámpara que lo vio pasar rápidamente entre la corriente del río llevándolo hacia un sifón.


Al parecer, una de las chicas que caminaba bordeando la caverna, dio un resbalón y por efecto del resbalón fue impulsada hacia la corriente, su primo quien venía atrás de ella al ver lo que le pasaba sin pensarlo ni medir consecuencias se aventó para salvarla, empujándola hacia una piedra, pero al hacer esto, la reacción le hizo perder el equilibrio y le impulso en sentido contrario al empujar a su prima que lo abalanzó hacia la corriente. Mini, quien también había perdido el equilibrio y estaba siendo jalada por la corriente, pudo sostenerse de una de las piedras, mientras la otra chica quien había sido salvada por su primo también se agarraba, pero decía que ya no resistía y que estaba a punto de soltarse, afortunadamente los punteros rescataron a tiempo a las dos chicas.


En cuanto pude estar en roca firme, no podía dar crédito a lo que pasaba, algo estaba pasando que no había sido contemplado en el guión, había consternación, y poco a poco fueron llegando los compañeros del grupo, no sabíamos en ese momento que pasaba, estaban al rescate de Mini, y más abajo ya había algunos compañeros con sus lámparas recorriendo la cueva. En cuanto llegó Ome, uno de los retaguardias y de mucha experiencia en salvamento, se unió a la búsqueda junto con los más experimentados nadadores del grupo. Quería unirme, pero al no saber nadar, no quería ser un estorbo y generar más problemas en dado caso.


Desde arriba observaba como se formaba el sifón, era una caída como de dos metros que se extendía a través de unas rocas enormes, un cañón de cinco o diez metros era el único paso del agua para desembocar más abajo, lo que hacía que fuera más brusco el paso de la corriente. La compañera me comentaba que desde ahí vio una lámpara arrastrada por el agua y que le perdió la vista al entrar al sifón. Eran las 08:40 p.m., había mucha consternación, no daba crédito a lo que pasaba, del otro lado se oían los gritos de los compañeros que hacían la búsqueda, las lámparas de ellos moviéndose de un lado a otro, algunos trepados en rocas para tener un mayor panorama, otros tratando de descender al río para buscar; Ome fue siguiendo el río hasta más abajo para ver si encontraba algo, pasaron casi dos horas, la temperatura iba descendiendo, había mucho nerviosismo. Eran ya casi las 11:00 p.m. el guía nos dice que no podíamos quedarnos para acampar ahí, ya que por las rocas era complicado hacerlo, caminaríamos doscientos metros más para acampar en un banco de arena ubicado más adelante. Todos íbamos nerviosos, abajo la cueva se ensanchaba y por ende la profundidad del río disminuía al distribuirse el agua y apenas nos llegaba a las rodillas, en ese momento pensé que si el compañero hubiera pasado del sifón ahí lo hubiéramos encontrado, pero no, a mi parecer quedó atrapado en el fondo del sifón, quizá su mochibote lo hizo atorarse entre las piedras y quedar atorado en la profundidad del sifón, de verdad espero estar equivocado y tengo las esperanzas de que el compañero sea encontrado, no soy religioso, ni creo en el Dios que nos pintaron los conquistadores, pero si un milagro ocurriera dejaría mi vida mundana porque este hombre permaneciera con vida y yo como agradecimiento -aquí me detengo un instante para reflexionar si lo que voy a decir lo cumpliría y, si así lo haría- brindaría mi vida para transmitir la voz de quien obre el milagro. Ome, Gabriel, Heriberto, Fernando y otros más que no ubico sus nombres se quedaron a la búsqueda del compañero.


11:30 estábamos ya acampando, había un silencio en cada mirada, la obscuridad de la cueva hacía más notorio aquel movimiento de sombras que se dibujaban a través de las velas que cada quien ponía para iluminar su espacio, era recomendable usar velas en vez de sus lámparas para evitar el desgaste de sus pilas en caso que fueran lámparas halógenas. Yo llevaba luces fosforescentes, estas producen luz al quebrarlas, duran hasta más de 8 horas, incluso iluminan bajo el agua, por lo que son muy prácticas para usarlas en este tipo de aventuras.


Saqué las cosas de la mochila, le di un sorbo al refresco mientras abría la bolsa seca para sacar la ropa y ponerme una playera de compresión, un short y unas calcetas secas, pero al momento de abrir la bolsa seca, noto que estaba inundado de agua, se había mojado la cámara, la pila, mis audífonos, el celular, la ropa, el dulce de leche con nuez ¡Todo! Solo una lata de atún que llevaba y las galletas se habían conservado pues su empaque las sellaba. Entonces ahí doy del porqué pasó esto, al principio cuando saqué la cámara para tomar fotos del hueco de la gruta, al volverla a meter, no saqué el aire de la bolsa seca, entonces durante el recorrido al deslizarme con la mochila en la espalda entre piedras y el agua, hizo que el aire fuera abriendo la bolsa y por ende entrarle agua.


No me quedó más opción que quitarme los tenis mojados, las calcetas, la playera y quedarme solo con el short. El reloj marcaba 12 grados centígrados, no sentía frío en ese instante. Mi plan original era pasar la noche con calcetas y el cambio de ropa seca, pues habían dicho que adentro no se sentía mucho frío y bastaba una manta para cubrirse. Saqué de la mochila el impermeable, que ya en ocasión anterior me había abrigado en la montaña ante la falta de equipo, lo exprimí y estuve sacudiéndolo hasta que más o menos se fue secando. Lo tendí en un espacio posible, agarrando como almohada una piedra, mientras veía a los otros compañeros sacar de sus mochibotes su ropa seca, algunos hasta sleeping y almohadas inflables llevaban y con ganas de ir a pedirles prestada una playera, no me arrepentí de ir ligero pues tengo una gran inclinación hacia la aventura, pero no niego que si los envidié.


Medio húmedo el impermeable me acosté encima de él, físicamente no estaba cansado, pero quería sentir algo abrigador por un instante, el poco dormitar de la noche anterior me solicitaba dormir, pero no podía hacerlo, mil cosas pasaban por mi cabeza, mi cuerpo comenzaba a enfriarse y la falta de calorías me solicitaban energéticos, me comí algunas galletas y le di otro sorbo a la pepsi, quería comerme el dulce de leche, pero estaba empapado además que las aguas del SanJe no son potables por lo que no sería recomendable darle una mordida a ese dulce salvo por las posibles consecuencias gastrointestinales.


Casi a la una de la mañana vi llegar al campamento a los compañeros que habían quedádose a buscar al compañero, no había noticias del compañero. El ruido del río cada vez era más intenso, no sé si por la quietud de los compañeros que ya descansaban o por mi mente que no podía evadir la intimidante presencia del río. A lo lejos veía el campamento de la chica, quien estaba siendo acompañada por sus cuatro amigos; a lado izquierdo pegado a la gruta veía entre sombras al guía platicando con otros compañeros, creo que toda esa noche no durmió, siempre lo vi hincado; frente a mi estaba Mini platicando con Fernando y Jonathan; al no poder dormir me paré y me uní a su círculo, bebían algo que en un principio me supo a té verde por lo amargo, pero era mezcal de Oaxaca traído por el paisano Jonathan M. muy suave el mezcal comparado a otros que he probado. Mientras estaba con ellos ahí sentado, siento una hinchazón en mi tobillo izquierdo, al tocarlo siento un dolor, deseaba que fuera por un golpe y no por la mordida de una araña u otro insecto de esa cueva, pues por experiencia el veneno de una araña que me picó hace años me dejó casi un mes sin poder caminar. Estábamos consternados, Mini nos platicaba como sucedió aquel súbito instante de peligro, Fernando quien regresaba de la búsqueda nos comentaba que no habían encontrado nada. Mini me comentaba que un grupo que nos había rebasado con muchas horas de anticipación estaba acampando a unos metros de nosotros, eso me sorprendió, pues imaginaba que los dos grupos que nos habían rebasado ya estaban mucho más adelante de la gruta. Por lo que me dio a entender que algo no estaba bien ahí dentro, quizá la corriente del río había aumentado que por ello decidieron acampar antes de tiempo, no lo sé, pero muchas cosas pasaban por mi cabeza. Ome me comentó que era aconsejable acampar antes de las diez u once de la noche, pues más tarde el agua que desciende del Nevado de Toluca comenzaba a enfriarse aún más por lo que podía provocar una hipotermia, por lo que solo era recomendable estar en el río entre las siete u ocho de la mañana hasta las diez u once de la noche.


Poco más de la una, los que estábamos ahí reunidos decidimos ir a dormir un rato, yo sentía ya algo de frío, pero tenía fe en que el impermeable podría auxiliarme. El short no se secaba por lo que decidí quitármelo y dormir solo en calzones, el impermeable térmico me fue de mucha ayuda, solo de un extremo se colaba algo de frío y eso me hacía temblar, aunque bañarse con agua fría todos los días es un modo de entrenamiento que me ayudó a sobrellevar aquel instante, solo había un detalle al arquear los pies sentía ciertos calambres, pocas veces los he sentido, quizá se produjeron por los cambios de temperatura o la falta de hidratación.


No sé en que momento pude conciliar el sueño, mi reloj marcaba las cuatro a.m. y no podía dormir; la cera de las velas de los vecinos ya se habían consumido; mi mente no dejaba de pensar en el suceso, en ese momento no sabía si yo saldría vivo de ahí, no sabía si mis pensamientos podía narrarlos como siempre lo hago, dejaba de tener importancia lo material que se me había dañado ahí con el agua; no sabía si alguien con los que había platicado no saldría con nosotros; me preguntaba como las chicas saldrían de ahí, pues era un lugar ríspido y rudo, que requería fuerza, habilidad y agilidad para ir sorteando sus obstáculos; el ruido del agua sentía que incrementaba por ratos pensaba que el rugido de un avión circundaba las cavernas; mi mente regresaba hacia el compañero extraviado y me dolía saber que si tuviera familia que doloroso sería para ellos si algo fatal fuera el resultado, deseaba que no tuviera familia para que no sintieran ese dolor por su pérdida, deseaba realmente que fuera un hombre soltero, no imaginaba como le dirían a su familia de su pérdida, no imaginaba el sentir de la chica, pero a lo lejos aún veía su campamento iluminado. No sé en que momento me venció la inconsciencia, pero ni en sueños pude evitar aquel indeseable momento, imaginaba que del agua el compañero salía todo mojado con su lámpara caminando hacia nosotros diciéndonos porqué no lo habíamos esperado.


Poco más de las 6:00 a.m. escucho que algunos ya se levantan, son el otro grupo que acampaba del otro lado, quienes ya se disponían a continuar su camino.


Yo sentía frío pero el sueño me abrigaba. A las 9:00 a.m. se oía el silbato del guía y el atecocolli de Ome, la indicación era levantarse para seguir el recorrido. Por el modo austero en que estaba, no me costó trabajo empacar, me puse las calcetas largas que llevaba, y me quité la playera sin manga para ponerme la playera de compresión. Algunos compañeros tardaron mucho en terminar de guardar sus cosas. Comí las últimas galletas que tenía, bebí agua, le di un sorbo al refresco e hice unos movimientos de calentamiento.


Era un sentimiento raro, saber que eran las nueve de la mañana y la obscuridad era total, la sensación del eclipse lunar del 91 me vino a la mente.


El guía nos reunió, trató de tranquilizarnos, explicarnos el tramo que nos faltaba, y las indicaciones a seguir para no correr riesgos, pues lo difícil apenas venía y había que hacerlo con cuidado.


El nerviosismo se palpaba en el mirar de los compañeros, mientras dábamos los primeros pasos sobre el río oía una voz rezando, era la compañera que había perdido a su primo, no paraba de rezar el Ave María, sus oraciones iban acompañadas de las voces de sus amigos, sin ser religioso internamente me unía a sus oraciones y deseaba que mi incredulidad hacia los entes religiosos fuera equívoca y de verdad existieran esas fuerzas milagrosas que obran causas imposibles, deseaba estar equivocado y que la oración hiciera un milagro, quería extenderles mi mano para orar con ellos, en ese momento no sabía si hacerlo o mantenerme ajeno, pero los iba acompañando desde mis adentros.


El recorrido no fue fácil, nadando entre pozas, subiendo y bajando rocas, hasta que alcanzamos a otro grupo quien apenas terminaba de levantar su campamento, por lo que nos detuvimos para que avanzaran su camino.


Más adelante vimos que demoraban en su avance, lámparas iban y venían hasta que después de media hora continuaron y se perdieron entre la obscuridad. Nosotros continuamos, cruzamos una poza, subimos entre piedras hasta llegar a un punto donde el guía nos pidió que nos detuviéramos. Ahí pude ver porque el grupo de adelante se detuvo, había un desnivel como de cuatro metros de las rocas al río, solo había dos formas de bajar: a través de una escalera improvisada por un grupo de rescatistas hace tiempo, la cuál estaba hecha de tubos de PVC como escalones y cuerdas, la otra forma era escalar entre una grieta de la piedra.


Por lo que los guías comenzaron a improvisar un sistema de seguridad para bajar a las chicas, por lo cuál a través de cuerdas y mosquetones implementaron una cuerda de seguridad, para que al bajar las las escaleras lo hicieran con seguridad, esto ante el nerviosismo que a todos nos invadía. Abajo compañeros recibían las mochilas que bajaban con una cuerda y otros ayudaban a las chicas a dar el último paso que separaba un metro de la escalera al piso. Aquel descenso era muy lento. Yo veía la otra ruta de bajada por las piedras pero no me animaba, en otras circunstancias lo haría sin pensarlo y no hubiera tardado más de un minuto en hacerlo, pero el nervio me invadía, no quería salirme de los lineamientos indicados por el guía y cometer una estupidez. Mientras pensaba si bajar o no, veía al compañero de adelante y me sorprendía que su cuerpo mostrara evaporación, producto de que su cuerpo trataba de equilibrar el frío aumentando la temperatura corporal. Seguía con mi idea de bajar por la roca, le daba vueltas a ese descenso, después de casi media hora pensando y viendo aquel descenso entre las rocas, por fin me decido hacerlo, así que faltando tres compañeros para bajar por la escalera antes que yo, me animo hacerlo, lo hice por un motivo, vencer mis nervios y recuperar la confianza, pues sabía que se venían tramos difíciles y necesitaba volver a recuperar la confianza y el temple. El primer paso era el difícil, romper el miedo de no caer a cuatro metros, no sería una caída mortal pero si muy dolorosa o de fractura en el peor de los casos, pero el reto solo era bajar a la primera piedra, de ahí ya solo era escalar sobre la pared y cualquier hendidura sería buen punto de apoyo para llegar abajo. Lo hice y en un minuto ya estaba abajo. Ayudé a acarrear las mochilas que estaban bajando. Aun faltaba más de la mitad del grupo en descender. Compañeros que ya habían bajado, más adelante ya habían puesto lumbre, con ramas que la corriente alguna vez condujo hasta ahí.


No quise ponerme junto a la lumbre, pues quizá calentar el cuerpo y luego volver a sumergirlo sería contraproducente, tomé las últimas gotas de la pepsi, me comí el atún que tenía con el miedo que el agua se hubiera filtrado, pues por lo que percaté ese río estaba muy contaminado, podría decir que hasta eran aguas negras, pues ahí era muy común ver llantas, pañales, botes de todo tipo, un basurero de todo lo que los arroyos traían de diversas poblaciones, quizá hasta desagües de letrinas, etc.


Poco más de dos horas nos tomó que todos bajaran aquellas piedras hacia el cauce del río. Al ser un grupo grande, cualquier obstáculo aumentaba el tiempo del avance, pues había pasos complicados donde con agilidad los trepabas o bajabas en segundos, pero había compañeros que tardaban hasta cinco minutos y multiplicando eso por 50, entonces nos llevaba más tiempo de lo que hubiera hecho un grupo chico.


Continuamos con el recorrido, algunos tramos fáciles algunos tramos no tanto, pero ahí íbamos paso a paso, uno tras otro, manteniendo la calma y confiando en salir de ahí, no sabíamos cuanto nos faltaba ni que se nos venía, eran ya más de medio día, extraña sensación que a esa hora todo estuviera obscuro, no importaba cuanto tiempo nos tomara salir solo queríamos avanzar.


Llegamos a un punto donde la angostura producida por una enorme piedra atravesada en el río provocaba una fuerte corriente en forma de embudo, por lo que los más duchos se organizaron para planear aquel avance.


La idea era que algunos compañeros nadaran hacia el otro extremo del río ubicado detrás de la piedra, hasta ahí llevarían la cuerda que extenderían desde donde estábamos, después cada quien nadaría agarrado de la cuerda, en caso que la corriente lo jalara, nadar bajo la cuerda, colocarse del otro lado, agarrar con la mano de la cuerda y sujetarse como colgándose de la cuerda, caso contrario si se mantenía la misma posición de flote, con el paso de la corriente y la tensión de la cuerda podría ocurrir un hundimiento y ahogamiento en el peor de los casos.


En ese plan estábamos cuando vemos llegar a un grupo de rescatistas, no conté bien, pero me parece eran cuatro. Eran ya casi las 14:00 p.m. Vestían chaleco rojo con cintas luminiscentes de seguridad, bérmudas negras, un casco con la palabra reflejante Rescate y una luz que se movía alrededor de su casco, como si de una sirena de un cuerpo de seguridad se tratara, todos llevaban cuerdas atravesadas sobre sus hombros y uno de ellos llevaba una camilla de rescate color amarillo. Cuando los vi llegar detrás de la piedra, vi que cruzaban la corriente sin mayor cuidado, el agua les llegaba hasta las piernas y trepaban entre las piedras como si fueran cocodrilos. No les tomó ni un minuto en cruzar aquello que nos llevaba un rato ideando como hacerlo.


El líder del grupo de rescate, sin perder tiempo, se subió a una piedra y nos llamó a todos, lo rodeamos y escuchamos lo que nos tenía que decir. Primero nos comentó que en ese momento ya no éramos turistas, pasábamos a ser un grupo que tenía que tener la confianza para salir de ahí, lo primero que nos dijo fue que no usáramos las cuerdas, eso nos tomaría más tiempo, nos pidió que no le tuviéramos miedo a la corriente, no estaba fuerte y que no nos mataría, solo tener confianza y dejarnos llevar, el río no es tan malo como parece. Caray, que fácil se escuchaba, pero para neófitos e inexpertos como muchos de nosotros eso no parecía ser nada fácil. Ellos nos comentaban que ya estábamos cerca de la salida, a dos horas máximo, ellos venían subiendo contra corriente y les había tomado solo hora y media en llegar hasta dónde estábamos. Nos pidió que nos calmáramos, al mismo tiempo solicitó hablar con el guía y con algún conocido de la persona extraviada.


Al parecer Ome, la noche anterior al llegar al banco de arena donde acampamos, pidió al grupo que acampaba adelante de nosotros que avisaran a los rescatistas de la situación en que nos encontrábamos, por lo visto el otro grupo salió de la gruta como 12:00 o 13:00 pm.


Después de hablar en privado con la prima del compañero perdido y con el guía, el guía de los rescatistas nuevamente se dirigió a nosotros y nos pidió cinco voluntarios para subir a buscar al compañero, en ese momento nadie se atrevía alzar la mano, solo Ome, Gabriel y Heriberto lo hacían, Fernando también pero después desistió al indica que no sabía nadar. El rescatista insistió que faltaban dos más, que levantaran la mano o el los elegiría, fue un momento que puedo asegurar varios tragamos saliva, en mi caso si me hubieran elegido yo sería más un estorbo pues mi pericia en el agua es nula, mucho menos en contracorriente, escalar piedras no me genera problema pero nadar en esas condiciones si me generaba dudas, tenía ganas de decir yo voy, pero al mismo tiempo mi inexperiencia me lo impedía, ¡caray! De esos momentos que sientes impotencia y me sentí tan inútil. Un chico de 17 años, Allan, levantó la mano, pero su madre que también iba con él, ante el temor que algo le pasara a su hijo, dijo que su hijo era menor de edad y no consentía que se lo llevaran.


Después de cinco minutos que nadie levantó la mano, los rescatistas para evitar pérdida de tiempo decidieron ir con los tres valientes voluntarios. Los compañeros que llevaban aun víveres, les dieron dulces, comida, agua, etc., las mochilas de ellos fueron repartidas entre los compañeros del grupo.


Tal encuentro con los rescatistas no duró más de veinte minutos, así como llegaron se fueron con los compañeros voluntarios. La idea era llegar hasta el lugar de los hechos, hacer la búsqueda y regresar antes de las siete de la noche. Nosotros seguíamos ahí en espera de cruzar aquella corriente y llegar al otro lado. A pesar de la recomendación de los rescatistas de no hacerlo con cuerda, por la inseguridad que sentíamos todos y la falta de pericia, el guía puso la cuerda y la maniobra la fuimos llevando a cabo uno por uno. Varios compañeros pasaron sin problema, cuando de repente escucho los gritos de Lupita, quien al parecer había tenido una complicación en el cruce y pedía a gritos por favor que no la soltaran, afortunadamente no pasó a mayores y los compañeros pudieron sacarla a flote.


El cruce del río era hacerlo de frente agarrado de la cuerda, pasando la piedra era girar en 180 grados dándole la espalda a la pared de la cueva, ahí un compañero nos jalaría para no irnos hacia la corriente y pegarnos a la cueva, de ahí era subir por las piedras y escalar un tramo para llegar a zona segura, tardamos largo rato ahí pero afortunadamente todos sanos y salvos, poco más de las tres p.m. ya estábamos todos del otro lado.


El guía nos comentaba que estábamos a punto de llegar a la mitad del recorrido, la otra mitad sería más fácil pues ya no había remolinos, rocas gigantes sobre el río, tampoco pozas profundas ni nadar con la corriente. Pero antes de eso, había que pasar el remolino, que era lo más difícil del recorrido.


Cerca de las cuatro estábamos en la antesala del remolino, ahí era un laberinto de piedras, una de ellas de enorme proporciones tapaba lo que acontecía del otro lado, solo sabía que atrás de esa piedra estaba el remolino, había que bordear aquella piedra para llegar a una piedra conforma de camello que su protuberancia salía en medio del río, de ahí era rodear otra piedra y pegarse hacia la izquierda de la caverna, para luego ser auxiliado por un compañero y trepar sobre una pared resbalosa de la cuál un grupo de rescate antes había colocado una cuerda de acero, pero ahora solo pendía una cuerda sintética, caminar poco menos de 8 metros sobre la resbalosa pared y llegar a zona segura. Todo esto no lo supe hasta que me tocó hacerlo. Pasábamos en grupos de cinco en cinco, antes que me tocara estaba el grupo de los cinco amigos que iban juntos, a uno de ellos les tocaba ir con el grupo de cinco que tocaba, pero sus amigos le dijeron que esperara para que se fueran juntos y que alguien más tomara su lugar, yo que estaba a la espera no lo pensé dos veces y tomé su lugar, los nervios de la espera me estaban matando, me sentía como en los viejos tiempos antes de un examen final, no sabía como me iba ir, pero no había hacia donde irse tenía que hacerlo tarde o temprano, sin saber el resultado pero tenía que hacerlo, no lo pensé dos veces me aventé al agua, llegue a la piedra, la bordee, llegué al otro lado ahí vi que los que estaban frente a mi treparon a la piedra del camello, creo que era algo innecesario y podía seguir nadando para llegar a lado izquierdo de la cueva, pero con los nervios no piensas y solo ves lo que hace el de enfrente, después Alex otro compañero nos impulsaba para llegar a la pared de la cueva y desde ahí agarrándonos de las hendiduras de la pared nadamos hasta donde otro compañero nos detenía y de ahí como pudiera nos trepábamos a la pared y de ahí nos agarrábamos de la cuerda, para paso a paso caminar sobre aquellas resbalosas piedras y llegar por fin a zona segura, donde a un costado se veía la fuerza y velocidad que tomaba el agua por ese angosto paso que por la forma provocaba un remolino. Después me contó Ome, que los rescatistas le habían comentado que esa parte para ellos era su diversión, pues bajaban el remolino con las manos en el pecho y encorvados boca arriba en forma de plátano, ahí suben a divertirse haya o no haya rescates los fines de semana.


Ese momento esperando no dudé en sacar mi cámara, aunque ya se veía mojada a pesar de tenerla en una bolsa ziploc adicional, por mi inexperiencia en esas situaciones mis fotos salieron borrosas pero alcancé a capturar un vídeo saliendo del laberinto de agua para subir la pared hacia la zona segura.


Eran ya las 17:30 p.m., la hora que los rescatistas calculaban estaríamos ya a la salida, apenas estábamos a mitad de la gruta, aunque el guía nos comentaba que venía la parte más fácil del recorrido y ya no había nada como los tramos difíciles que habíamos pasado.


Efectivamente el avance de la mitad hacia el tercer cuarto del recorrido transcurrió sin mayores aspavientos, caminando por bancos de arena y piedra con impresionantes paredes de mármol, después sumergiéndonos en pozas de no más de cinco metros de largo y en muchos casos caminando sobre el agua a lo mucho llegándome hasta los hombros, tal combinación se repetía y cuando el cuerpo se aclimataba al calor corporal de la caminata en tierra firme tocaba sumergirse nuevamente. Así seguimos hasta que llegamos a una tercera parte del recorrido, ahí el guía solicito un descanso, pues él y quienes lo habían apoyado en los cruces, ya sentían el agotamiento, eran ya casi más de las siete y media de la noche. Le di el último trago a mi bote de agua, todos se rehidrataban, tomaban fotos, se percibía más la calma en el rostro de los compañeros.


Continuamos el andar, de repente al cruzar algunas pozas, se oía la caída del agua, pero no había mayor peligro, pues en esos tramos caminábamos en tierra firme y bajábamos entre piedras.


Mi olor era fétido, llevábamos ya más de 24 horas dentro de aquellas grutas, ni en mis peores días de depresión cuando dejo de bañarme cinco días sentía tan nauseabundo mi hedor corporal, este acrecentaba cuando caminábamos entre agua encharcada que era notable la putrefacción del agua. El andar entre piedras y luego pozas ya comenzaba a colmarme, sentía un hastío, pero no quedaba opción, el paso no era difícil pero si mi disposición a hacerlo. El cuello se me comenzaba a irritar, la playera de compresión me estaba lastimando y caminaba agarrando el cuello de la playera para que no me rozara, era incómodo el ardor y ya tenía hasta una hinchazón, temía que pudiera tener alguna infección por el hecho de estar sangrando y que bacterias me infectaran el cuello.


No sé si la desesperación, los cambios de temperatura o la compresión de la playera, pero comenzaba a sentir un punzante dolor en el pecho derecho, si hubiera sido en el izquierdo me hubiera preocupado más por un probable infarto, después fue una presión en ambos costados, comenzaba a complicárseme la respiración, cada vez que lo hacía sentía una presión en los pulmones, quizá empezaba a tener síntomas de hipotermia o solo era sofocamiento ante la desesperación.


El camino se hizo menos desesperante con la plática de los compañeros, compartiendo puntos de vista sobre las piedras que ahí veíamos, geodas, estalacticas, mármol, graba de río, etc., en eso estábamos cuando se siente un aire, pensé que ya estábamos cerca de la salida, pero no, era un aire que se colaba por un par de respiraderos ubicados en el techo de la gruta.


Íbamos subiendo algunas piedras, cuando de repente veo del otro lado lámparas, no eran de los compañeros punteros pues ellos estaban más adelante de nosotros, del lado derecho de la cueva, y las lámparas se veían de lado izquierdo de la cueva. Eran los mismo rescatistas que más arriba habíamos visto, ya estaban de regreso y nos habían alcanzado, junto con ellos venían nuestros tres compañeros.


Me comentaba Gabo, uno de los que había subido con ellos de lo impresionante que había sido subir con ellos en contracorriente, en 45 minutos habían llegado al punto donde se había extraviado el compañero, un tramo que a nosotros nos llevó 4 horas y media en bajar, ellos en subir no les llevó mi la quinta parte. Me comentaba que hábilmente montaron todo un sistema de iluminación y buscaron durante dos horas sin encontrar nada.


Los rescatistas subían y bajaban de la piedra, iban guiándonos para hacer el avance más rápido indicándonos los tramos donde cruzar de forma segura entre el río, ya estábamos cerca de la salida, al menos eso parecía, yo estaba ya hastiado, entrar y salir del río me estaba ya estresando, no le veía fin aquel trayecto, por si fuera poco los dos últimos cruces no fueron fáciles, la corriente del río nos puso en alerta y nos recalcó que hasta el último paso nada es seguro, por lo que agarrados de las manos con otros compañeros fuimos sorteando los dos últimos cruces. El chillido de los murciélagos anunciaba que ya estábamos cerca de la salida, muy al fondo veía la luz de noche, a 500 metros tal vez, solo faltaba cruzar un río, subir unas piedras y ascender para llegar a la salida de la gruta. Era una emoción impresionante, pero también era un sentimiento confuso, por una parte triste por todo lo acontecido y por otra agradecido de estar ya afuera saliendo de aquella experiencia, no estaba alegre, mucho menos, tenía una seriedad en el rostro y trataba de encontrar palabras y resignación a lo que habíamos pasado. Nadie gritaba de alegría como hubiera sido quizá en otros casos, cabizbajos y en silencio salíamos de la cueva uno tras otros, ya varios elementos de rescate ahí nos aguardaban.


Por fin salíamos de aquella gruta, eran ya las 21:30 horas, más de 27 horas en aquellas cavernas. Unas escaleras nos conducirían de regreso al mercado de Cacahuamilpa, escuché decir a una compañera que aquella última subida era para que desistiéramos regresar a las grutas.


Ahí ya nos esperaban quienes nos rentaron los equipos, cada quien entregó lo que había rentado. Los rescatistas esperaban a que todos estuviéramos reunidos, aunque algunos ya se habían ido al autobús y otros ídose a duchar.


Los rescatistas nos comentaron la situación del rescate, había sido infructuoso pero al día siguiente intentarían de nuevo hacerlo con más gente y más equipo, para esto nos pedían que nos anotáramos en una lista con nuestros datos de contacto.


Mis billetes estaban mojados, pero no deshechos, sin problemas los aceptó el señor de la última tienda abierta ahí, un jugo y unas galletas era buen aliciente para ese momento.


Me quite la playera, los tenis, las calcetas y decidí dejarme el short todo mojado, me puse los otros tenis que guardaba en la mochila, aunque estaban igual de empapados pero los sentía más confortantes. No sé cuál era mi olor en ese instante, pero juro que no era nada agradable, quizá el mismo de un vagabundo, pero eso ya no me preocupaba en ese instante, lo sentía por el taxista que me llevaría de donde nos dejara el camión hacia el depto, pues tendría que soportar mi hedor en su taxi.


Después de reunir a todo el grupo poco más de las diez p.m. veníamos ya de regreso, se habían quedado en Cacahuamilpa el guía Jonathan, la prima del compañero extraviado y Juan su amigo.


Afortunadamente había dejado mi chaleco en el camión y eso me cubrió en aquella fresca noche de regreso, el sueño me venció y cuando me percaté a la 01:30 a.m. ya estábamos sobre Tlalpan casi llegando al metro Ermita, lugar donde el camión nos dejaría.


Ahí cada quien se despidió y abordó el primer taxi a su paso, venía en el Taxi con Ome -pues el vive hasta el Estado de México y no había forma que se trasladara para allá a esa hora- y otra chica, pasamos a dejarla su casa ya que vive cerca de donde vivo y de ahí nos vinimos a mi casa, después de una ducha desinfectante, un café caliente y unas quesadillas fueron buen confort, aunque después de eso la conversación con Ome sobre lo que vivimos duró hasta las 4:00 a.m. El sueño me venció, afortunadamente al día siguiente no tenía ninguna junta agendada a temprana hora, por lo que el no haber dormido bien en las últimas 48 horas, dormí hasta las 10:30 a.m. Ome se había despedido media hora antes.


Tal jornada me había cansado mentalmente, físicamente no fue extenuante tan es así que por la tarde anduve de arriba para abajo, pero si fue muy estresante tal situación y de muchos nervios.


La recapitulación de lo acontecido es muy dura, más después de saber la reacción de los familiares al enterarse del extravío de este compañero. De verdad deseo que haya un milagro, a pesar de todo tengo esa esperanza, cada día me levanto pensado que así sucederá.

Instalación y Configuración de Open Source OaxRom Dialer

 
Consideraciones para instalación de marcador automático  Open Source OaxRom Dialer
<br>
FreepBX Asterisk Base de Datos
mysql -u dialer -p asterisk < dialer.sql
<br>
Config dir App & base de datos
includes/config.php
<br>
Config Base de datos
modules/llamadas/marcador.php
modules/llamadas/set_answered.php
modules/llamadas/set_uniqueid.php
modules/llamadas/robot.php
includes/config.php
<br>
Instalación de Asterisk AGI
/var/lib/asterisk/agi-bin/set_answered.php
/var/lib/asterisk/agi-bin/set_uniqueid.php
/var/lib/asterisk/agi-bin/robot.php
<br>
Instalación de Asterisk AMI
/var/lib/asterisk/agi-bin/marcador.php
<br>
Configuración de parámetros AMI
base de datos - Tabla - Configuracion
<br>
Ejecución al inicio:
echo "/usr/bin/php -q /var/lib/asterisk/agi-bin/marcador.php" >> /etc/rc.local
<br>
/etc/asterisk/extensions_custom.conf
<br>
[AMDDETECT]
exten=> _#.,1,Answer()
exten=> _#.,2,Background(en/silence/1)
exten=> _#.,n,NoOp(${EXTEN})
exten=> _#.,n,AMD()
exten=> _#.,n,NoOp(${AMDSTATUS})
exten=> _#.,n,NoOp(${EXTEN})
;exten=> _#.,n,AGI(set_uniqueid.php)
exten=> _#.,n,GotoIf($[${AMDSTATUS}=HUMAN]?humn:mach)
exten=> _#.,n(mach),WaitForSilence(500,2,16)
exten=> _#.,n,Goto(app-miscapps,${EXTEN:5:3},1)
exten=> _#.,n,Hangup()
;exten=> _#.,n(humn),Background(custom/buenosdias)
exten=> _#.,n(humn),verbose(${EXTEN:1:3})
exten=> _#.,n,AGI(set_answered.php)
exten =>_#.,n,Goto(app-miscapps,${EXTEN:1:3},1)
exten=> _#.,n,Hangup()
<br>
[SETANSWERED]
exten=> _#.,1,Answer()
exten=> _#.,n,NoOp(${EXTEN})
;exten=> _#.,n,AGI(set_uniqueid.php)
exten=> _#.,n,AGI(set_answered.php)
exten =>_#.,n,Goto(app-miscapps,${EXTEN:1:3},1)
exten=> _#.,n,Hangup()
<br>
[TTSROBOT]
exten=> _#.,1,Answer()
exten=> _#.,n,NoOp(${EXTEN})
;exten=> _#.,n,AGI(set_uniqueid.php)
exten=> _#.,n,AGI(set_answered.php)
exten=> _#.,n,AGI(robot.php, ${EXTEN:9:2}, ${EXTEN:9:2},)
exten =>_#.,n,Goto(app-miscapps,${EXTEN:1:3},1)
exten=> _#.,n,Hangup()
<br>
[from-internal-custom]
include => AMDDETECT
include => SETANSWERED
include => TTSROBOT
<br>
<br>
/etc/asterisk/amd-detect.conf
root@CloudVooxPBX-OaxRom:~# cat /etc/asterisk/amd.conf
;
; Configuración de Detección de Máquina Contestadora
;
[general]
initial_silence = 2500 
greeting = 2500
after_greeting_silence = 600
total_analysis_time = 10000    
min_word_length = 100
between_words_silence = 50
maximum_number_of_words = 5
silence_threshold = 256
maximum_Word_Length = 600
<br>
<br>
<strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*
Lanzador de mensajes
</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong>*
Formato Archivo
Solo requiere numero telefónico, un número telefónico por línea
1234567890
0987655443
4732832983
<br>
IfAnswer y IfVoicemail enlanza a acceso directo creado en MiscApplications de FreePBX, se recomienda crear una extensión de 3 dígitos de cada App de FreePBX conectada
<br>
<strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*
Robot
</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong><strong>*</strong>*
Primer campo número telefónico,  demas campos separado por punto y coma ;
Campo Mensaje en formulario web: Usuario [0], le informamos que su saldo es de [1] con vigencia hasta [2] de su tarjeta[3]
1234567890;Filein Rommel;100;Viernes 23 de Junio;Banorte  
<br>
Se recomienda instalar Festival y Voz de Junta de Andalucía hombre o mujer para prueba, se puede integrar fácilmente con cualquier otro TTS como el de google, cepstral, verbio, etc., solo modificar el robot de voz.
 


Preguntas y respuestas a través del foro de Facebook:


https://www.facebook.com/permalink.php?story_fbid=1061346837215539&id=173491249334440


Como perderse en la montaña, dormir en ella y sobrevivir.

La idea al empezar a caminar era acostumbrar los músculos para una caminata de larga distancia como entrenamiento para poder subir al volcán Tacaná y al Tajumulco el más alto en Centro América, el día era muy soleado y no había amenaza de lluvia para ese día algo favorable como muy pocas veces en la Sierra Norte de Oaxaca.


Fotos en alta resolución en Flickr:


https://www.flickr.com/photos/phylevn/sets/72157649585871449/


Mi hermano ayer 26 de Diciembre nos dio un ride a mi hermana y a mi hasta el lugar conocido como La Cumbre a 2,780 msnm donde empieza la Sierra Norte de Oaxaca, la idea era caminar hasta las antenas y de ahí bajar hasta San Felipe del Agua en la Ciudad de Oaxaca, tenía la ruta en el GPS y no había pierde. Después de comprar un par de Gatorades a las 10 AM pasamos a registrarnos al centro ecoturístico de la cumbre y nos dijeron que había de seguir la carretera para llegar hasta las Antenas a 3,260msnm, para esto yo tenía otro plan de más adelante tomar una brecha que también nos llevaría a las antenas.


El camino inició tranquilamente, una carretera de terracería amplia donde a la distancia se veían las antenas, del otro lado en el horizonte las montañas de la sierra Juárez, al otro costado la sierra Mixe y el imponente Zepoaltepetl y al sur parte del valle de Oaxaca. Se respiraba el aire fresco de la sierra, revoloteos repentinos de pájaros algunos de ellos de una fuerte tonalidad azul, así el caminar fue en ascenso hasta llegar al mirador, donde nos subimos para admirar el horizonte y desde ahí divisar la comunidad de Ixtlán de Juárez, minutos después continuamos por una vereda que pasaba por la brecha de la CFE y bajamos para nuevamente tomar la carretera.


Después de un par de kilómetros y medio encontramos la brecha que marcaba el GPS y decidimos tomarla en vez de seguir por la carretera de terracería. La brecha se notaba poco transitada, después de caminar 3km sobre la brecha antes de llegar a un arroyo nos encontramos con unos toros a mitad del camino, estos al vernos empezaron a correr hacia nosotros, solo se nos ocurrió trepar como pudimos hacia una de las paredes de la montaña y los toros estaban ya abajo de nosotros viéndonos con serias intenciones de querer subir, después de un par de minutos solo se me ocurrió lanzar unas piedras, al principio sin lanzárselas directamente solo para asustarlos, pero no se iban, hasta que no me quedó otra opción que tirárselas directamente, las piedras eran pequeñas, pero fue suficiente para que los toros se fueran, pero no se alejaron tanto pues estaban a la vuelta de la curva, por lo que volví a tirarles piedra y en cuanto una les tocó se fueron corriendo, le dije a mi hermana que esperara para ir a ver, mientras caminaba a la curva los toros se me quedaban viendo pero al lanzarles piedra solo quedaron a la expectativa. Minutos antes había visto el GPS para ver cuál sería la opción para continuar, por lo que le dije a mi hermana que viniera hacia mi, la idea era ajar y cruzar el arroyo, luego comenzar a subir la pendiente entre encinos, no continuaríamos la brecha que habíamos caminado, la idea era subir entre los pinos y según el GPS encontraríamos otro camino que también nos llevaría hacia las antenas. La pendiente fue muy pronunciada que tomó cuarenta minutos lograrlo para encontrar el camino que indicaba el GPS. Al llegar el camino me ubiqué con mi reloj para encontrar el norte y viendo el GPS decidimos el rumbo a seguir. El transitar sobre ese camino fue tranquilo, con diversos paisajes naturales. Mientras caminábamos se me ocurrió cargar una piedra de kilo y medio en una mano mientras en la otra apoyarme con el bastón de madera, la intención era hacerlos por turnos de 20 minutos en cada mano para "tonificar" los músculos, acto que hice durante las siguientes dos horas, incluso ya después de bajar las antenas.


Después de una hora de caminata, llegamos al camino de piedra, un tramo que conducía hasta las antenas, 20 minutos después de subir por el camino ya estábamos en la parte más alta a 3,289 msnm, eran ya las dos y media de la tarde, con tiempo suficiente hasta ese momento para hacer el descenso. Hasta ahí todo estaba de acuerdo a los planes, disfrutamos de unas quesadillas que nos preparó mi Madre mientras veíamos en el horizonte la Sierra Juárez. Después de comer algo, comenzamos a preparar el descenso, el objetivo era bajar y encontrar más abajo una ruta que había descargado de internet donde mostraba el camino hacia San Andrés Huayapam o hacia San Felipe, en este caso este último era el plan para bajar a la Ciudad de Oaxaca por San Felipe del Agua.


En el inter había varios cruces de caminos, con el GPS nos íbamos guiando, aun nos faltaba tramo por caminar para encontrar la ruta de descenso. Después de 40 minutos encontramos la ruta que nos marcaba el GPS y comenzamos a seguirla rumbo a San Felipe.


El GPS nos iba guiando cuando dos caminos se cruzaban, pero hubo un momento donde encontramos cuatro caminos y al ver el GPS me equivoqué pues la ruta trazada indicaba un camino que solo llevaba a una brecha de límites territoriales y la continuación era por otra, pero al compararlos lo hice mal y tomamos un camino hacia la derecha, trescientos metros más adelante volví a ver el GPS y vi que estaba en una ruta incorrecta, le comenté a mi hermana que había que regresarnos pues estábamos en una ruta equivocada, en ese momento me dijo que mejor siguiéramos el nuevo camino pues ella había visto que el camino nos llevaba hasta San Pablo Etla, desistí continuar la ruta original y acepté la sugerencia de mi hermana, no lucía complicado seguir el camino pues estaba muy amplio y no había pierde.


Todo parecía ir bien, pero entre la plática le hice una pregunta de matemáticas de cuanto era 2 a la 2014 menos 2 a la 2013 y en modo de broma le dije que no le diría palabra alguna hasta que me diera la respuesta.


En ese temporal hielo oral, encontramos una bifurcación, una brecha que bajaba y el camino amplio que seguía, por alguna razón mi hermana decidió continuar por la brecha, me sorprendí, pero por el silencio temporal no dije nada y ni por mi mente pasó revisar el gps, quizá inconscientemente pensamos que ese camino bajaría hasta alguna población, pero después de caminarlo y caminarlo en zig zag nos dimos cuenta que ya eran las cuatro y media de la tarde, viendo el GPS esa brecha terminaba más adelante y no había opción, entonces se nos ocurrió bajar en línea recta por lo que parecía un camino viejo pensando que bajarlo directamente nos llevaría algún lado.


Era un camino con mucha hojarasca lo que hacía la bajada muy resbaladiza, una vereda que parecía no había sido transitada en años, pero pensábamos que nos sacaría a algún lado, pero después de bajarla llegamos hasta donde ya no había más camino que seguir, solo palizada, ramas cruzadas, magueyales enormes, hierbas, etc., solo se nos ocurrió seguir bajando para luego subir y quizá encontrar la carretera que habíamos dejado antes, cruzamos un arroyo en el que nunca se nos ocurrió cargar de agua nuestros botes error que lamentaríamos en las horas siguientes, el andar se complicó la maleza era mayor y solo restaba tratar de abrir paso con el bastón de madera que de manera improvisada había agarrado en algún instante durante el recorrido, después de eso comenzamos a subir entre encinos lo que hacía que ya no hubiera tanta maleza pero la pendiente era muy pronunciada, teníamos la esperanza que al subir encontraríamos la carretera pero subía, subía y nada, mi hermana ya venía fatigada por lo que decidí adelantarme para ver si había carretera, pero llegué hasta arriba donde me di cuenta que era una peña y no había nada, desde ahí se veía la ciudad, Etla y los alrededores, eran ya las cinco y media de la tarde, en ese momento sentí un escalofrío, no sabía como decirle a mi hermana que no había camino, bajé a alcanzarla y le di la mala noticia, le dije que estaba solo la peña y quizá había que escalarla para intentar caminar sobre su arista e intentar encontrar la ruta, pues en el GPS se veía que no estábamos lejos de la ruta original de descenso, pero ante la imposibilidad de escalar 200 metros de piedra de la peña, era complicado y había que bajar de esa peña pero no era así de fácil pues al frente solo se veía piedra había que regresar, bajarla y bordearla para luego subir por la montaña que se veía del otro lado y por donde estaba seguro pasaba el camino según lo indicaba el GPS. Viendo ahora en google maps desde la tranquilidad de mi computadora la cumbre de esa peña está a casi 3,100 msnm por lo que había que escalar más de 200 metros, caminar sobre su arista y luego descender sobre la misma peña para llegar a la ruta que el GPS indicaba del otro lado, algo difícil a plenitud de la noche, sin herramientas sería muy arriesgado y un resbalón sería fatídico, más adrenalina en ese momento sería una locura. Algo que me saltó a la duda en ese momento fue si esa es la misma peña que desde la calle de Macedonio Alcalá se ve, no quise dejar pasar la oportunidad y desde donde estaba tomé algunas fotos, pero ahora pensándolo de nuevo se me antoja subir desde San Felipe y escalar esa peña para ver el horizonte de la ciudad desde la peña a 3,100 msnm curiosamente el doble de la altitud de la ciudad de Oaxaca que está a 1,550 msnm.


Eran ya las seis de la tarde, la obscuridad comenzaba a mostrarse con más intensidad las luces de la ciudad que se veían a la distancia, estábamos a 2, 872 msnm habíamos caminado ya 23.80 km, mi hermana me dijo que ahí buscáramos la forma de pasar la noche hasta que volviera la luz del día, afortunadamente tenía señal y llamé a casa de mis padres para indicarle que estábamos perdidos en la montaña y que buscaríamos la forma de regresar hasta el día siguiente. En ese momento por un instante paso por mi mente volver a llamar y pedir un helicóptero aunque eso me costara muchos miles de pesos pero ante la repentina desesperación no me importaba tenía que sacar a mi hermana de ahí, pero viendo el GPS vi que solo había que bajar, bordear y subir la montaña del otro lado para encontrarnos con la ruta, traía una lámpara y encontrando el camino no importaba lo noche que era pues ya sería más fácil por lo que decidimos intentarlo.


No fue fácil ese intento, al intentar bajar resbale sobre la piedra y caí como tres metros, afortunadamente me pude detener entre las ramas, por lo que decidimos bordear, esa bajada estaba intransitable entre hierba, maleza, ramas y varas que eran una muralla a cada paso, con el bastón iba abriendo paso, mi hermana tras de mi, de repente grita diciéndome que algo le había entrado en el ojo, afortunadamente solo fue un susto y seguimos.
El andar fue entre piedras, ramas, hoyos y un paso difícil caminando sobre un árbol caído para tratar de pasar al otro lado donde había un pequeño cañón que era difícil cruzar, así seguimos bajando abriendo camino, nos animaba saber que adelante estaba la ruta y solo había que vencer esa maleza, pero la noche lo hacía cada vez más complicado, estábamos prácticamente en la nada tratando de andar por donde nunca nadie había pasado y donde el tiempo se había encargado de aprovechar cualquier espacio para dejar crecer hierbas que prácticamente me pasaban de mi tamaño y solo agachándome alumbrado trataba de ver si por ahí había forma de seguir.


Varias veces ella o yo nos caímos, afortunadamente no hubo lesión, aunque si sustos y había que ayudarnos para levantarnos.


La bajada cada vez era más difícil, de repente se hizo más pronunciada que pensamos era un despeñadero, pero sabíamos que del otro lado estaba la subida, pero ante la obscuridad, las hierbas nublaban la vista, no sabíamos que había más adelante; mi hermana me dijo que ya estaba muy cansada que paráramos ahí y que ahí descansáramos para continuar al día siguiente, ahí hablamos a mi familia nuevamente desde el cel de mi hermana para decirles que estábamos bien pero que no había forma de continuar, mi hermana se subió a un árbol para tratar de acomodarse y descansar, le dije que ahí me esperara que bajaría para explorar si se podía continuar pues sabíamos que estábamos cerca de la ruta, al bajar por la pendiente me resbalé y en una de esas mi pierna quedó entre dos troncos, por poco me rompo ahí la espinilla, por lo que ante la imposibilidad de la noche decidí ya no continuar y regresar.


Decidimos pasar la noche ahí, teniendo el árbol como detención para no rodar hacia abajo, se sentía frío, el reloj marcaba dos grados, no veníamos preparado para esta situación, no traíamos casa de campaña, sleeping mucho menos chamarras, afortunadamente traía un buff que le di a mi hermana y lo uso como pasamontañas, también traía mi impermeable que es térmico y el costo se pagó esa noche, pues nos cubrió a los dos y dentro de lo que cabe pudimos sobrevivir al frío que se sentía.


Yo tenía mucha sed, pero ya no tenía agua y la poca que había en el camel back de mi hermana era para ella pues yo como quiera podría aguantar la sed, pero necesitaba que mi hermana tuviera fuerzas al día siguiente para continuar la caminata, en ese momento me di acordé de una frase que el día que nos acabemos el agua potable ojalá podamos beber dinero y eso me pasaba en ese instante, en la bolsa traía dinero suficiente para pagar varias noches de fiesta pero de nada servía en esas circunstancias, en ese momento hubiera pagado lo que sea por solo una gota de agua. Unas galletas mamut que traía en la mochila fueron bien recibidas como energéticos.


La noche se hacía más obscura, apagué mi lámpara para evitar la curiosidad de algún animal en la montaña, el cielo estaba muy estrellado, mi hermana me preguntaba a cada rato que hora era y le decía cuando faltaba para amanecer a veces cada quince minutos. En ese momento un sentimiento me invadió, me sentía impotente y había defraudado a mi hermana, la tenía al borde del peligro y me sentía culpable de exponerla ahí, pues ella es una mujer brillante y muy disciplinada y yo con mi vida a la ligera viviendo la vida sin reparar la tenía ahí a mi lado sufriendo los estragos de una soledad ante la naturaleza que nos hacía muy vulnerables y que nos hacían pasar diversas cosas por nuestra mente como por ejemplo no salir vivos de ahí, al menos un consuelo había, habíamos mandado nuestra ubicación y si algo nos pasaba al menos podrían encontrar nuestros restos y las fotografías de la travesía.


No podía creerlo, una semana antes estaba divirtiéndome en un salón de baile, dónde conocí a Citlali una bella chica de los límites entre Puebla y Veracruz, con quien pasé toda la noche bailando, y justamente 168 horas después o 7 días después estaba enfrentando uno de los retos de la vida que solo pensé pasaban en las películas y nunca por mi menté imaginé que algún día viviera una situación de supervivencia.


Por momentos ruidos se escuchaban en los alrededores, ramas que caían, hojas que se movían con el viento, etc. Pero el miedo estaba latente que un animal se nos acercara. Minutos antes mientras tenía la lámpara encendida, veía ese minúsculo mundo de la montaña de no más de 5mm de como se movía entre la hojarasca, arañitas de color verde que a pesar de su tamaño me generaban miedo que una de ellas pudiera meterse a mis oídos, no podía creer como ese mundo tan minúsculo podría causarme miedo.


De repente a la distancia veo unas luces moviéndose, eran unas lámparas, pensé que habían venido a buscarnos, solo alcancé a decirle a mi hermana que marcara a mis papás por si habían venido a buscarnos que no bajaran pues era imposible llegar en esas condiciones hasta nosotros. Grite “holaa” “holaaa” pero no obtuve respuesta, poco a poco las lámparas se fueron alejando, quizá eran los guardabosques o el comisariado de bienes comunales del lugar que salen a vigilar sus montes, ja, quizá hasta los asuste con mis gritos, quizá pensaron que en esa obscuridad la montaña les había hablado. Mis Padres si habían salido a buscarnos, pero no eran los de las lámparas, ellos estaban apenas donde comenzaba la montaña aun a muchísimos kilómetros de nosotros y sus esfuerzos eran vanos.


Entre el cansancio y la noche quedaba dormido repentinamente, pero despertaba tratando de mantener la vigía, atento a que algo no se acercara, pues mi consigna era cuidar a mi hermana y en caso de peligro ponerla a salvo a ella. En esos repentinos pestañazos, sueños parecidos se venían a mi mente y era siempre encontrar un camino, ancho, muy estrecho, carreteras, etc. Pero los sueños consistían en encontrar siempre un camino.


Como a las 4 de la mañana comienzan a caer unas gotas de lluvia, en ese momento era lo que faltaba, afortunadamente fue solo el susto y no duro más de 30 segundos.


Faltaba poco para que amaneciera, mi preocupación no cesaba y era saber como salir de ahí, pues si al amanecer veía que la unión de las montañas era un profundo cañón, entonces había que bordear hasta encontrar un paso hacia el otro lado de la montaña o la otra era intentar regresar por donde llegamos aunque eso significara volver a cruzar toda la maleza que pasamos.


Empezaba amanecer, un pájaro se escuchaba a la distancia, recordé que mi mamá contaba siempre que hay un pájaro que siempre acompaña al león de la montaña, le llamaban “butuliu” por el sonido que hace, justo cuando deseaba que no fuera el butuliú comienzo a escuchar “butuliú” “butuliú”, upss tratando de pensar que solo eran creencias del pueblo de mi mama que el butuliú acompaña el león, pero cada vez oía más cerca a ese pájaro, mi consuelo era que toda la maleza que nos rodeaba y que habíamos pasado, fuera impedimento para que un animal pudiera llegar hasta donde estábamos. Poco a poco el butuliú se fue alejando.


Oficialmente eran las 6 AM, aunque esperamos otros 40 minutos para levantarnos y con más luz comenzar a intentar descender para ver si era factible cruzar al otro lado de la montaña e intentar ascender. Solo había vegetación en todo alrededor, con el bastón fui abriendo camino, yendo paso por paso para no caer entre los hoyos, buscando suelo firme para seguir caminando mientras abría paso entre la maleza, hasta que por fin vimos que si era posible subir así que después de lograr todo ese tramo limpiando el terreno comenzamos a subir, al principio igual fue hacerlo entre la palizada, después conforme íbamos subiendo habían encinos por lo que ya no abríamos camino, pero la pendiente era muy pronunciada que me recordó al Pico de Orizaba, mi hermana al comenzar a subir exclamaba que nunca antes en su vida se había sentido esa emoción por una subida, . Mi hermana me dio unas gotas de agua que me supieron a gloria, al menos para remojar mis ya resecos labios, no acepté más agua pues necesitaba que mi hermana la usara y no le causara una deshidratación.


Después de casi una hora de cruzar y subir la montaña, prendí el GPS, veía que estábamos justo en la ruta azul donde continuaba la ruta de descenso hacia Oaxaca, mi hermana aún venía subiendo y veía ya en ella una cara de felicidad algo emocionante comparándola con aquel rostro de preocupación de la noche anterior. Estábamos ya en lo que parecía un camino y comenzamos a seguirlo, era bajar tras bajar, después de 3 horas de bajada que parecía que nunca se acabaría el camino llegamos hasta el libramiento de Viguera-San Felipe, este destino no era el de la ruta GPS pues previamente nos perdimos y agarramos otro descenso que nos hizo caminar 4 km más por ello durante la bajada no le veía fin.


Después de caminar otro tramo del libramiento llegamos al ejido Guadalupe Victoria, creo que caminamos otra media hora más hasta que por fin encontramos una tienda, al estar frente al refri de tanta sed que traía no sabía que refresco elegir. Mi hermana después de tomarse una cerveza con más calma marcó a mis papás que minutos después llegaron hasta ahí y mi Madre con una emoción y lágrimas en sus ojos abrazó a mi hermana, contándonos que toda la noche no pudo dormir de la preocupación. Nos contó que habían salido a buscarnos, incluso buscaron a un guía del lugar, pero el comisariado no estaba para otorgar el permiso de la búsqueda. También nos comentó que si el comisariado la noche anterior nos hubiera encontrado nos hubieran metido a la cárcel, pues está prohibido andar por esos bosques salvo sea uno de la comunidad, ya que por seguridad evitan extraños ante incendios acontecidos en el pasado.


Al final caminamos más de 37km, toda la tarde me la pase tomando por la intensa deshidratación, pero agradezco que la madre naturaleza nos haya cuidado y nos haya permitido regresar con vida de sus terrenos.

¿Cómo conectar teléfonos Fanvil a una VPN con OpenVPN?

Una de las situaciones muy comunes que requieren los clientes, es conectar extensiones remotas a un servidor de telefonía IP.


Esto es muy fácil si solo se abriera el puerto SIP o IAX del servidor Asterisk en el router de internet, pero estaría muy expuesto a ser hackeado aún teniendo un detector de intrusos y un firewall que estén gestionando peticiones incorrectas, por lo que no es una opción a menos que se sepa bien lo qe se hace y se lleve una gestión de seguridad impecable.


Antes había que hacerlo a través de conexiones con el protocolo IPSec, pero resultaba caro y complicado hacer las implementaciones.


Después surgió DD-WRT, un proyecto de software libre para routers, el cuál desde el sp 0.23 ya incluía soporte para OpenVPN. Por lo que era fácil cambiar el firmware a los routers Linksys y con ello se establecía un bridge a través de una interfaz Tap para conectar a OpenVPN y poder compartir la conexión VPN con los equipos que estuvieran conectados al router Linksys. Con esto podían conectarse cualquier teléfono IP, ATA u otro equipo de red a la VPN aunque no tuviera soporte de OpenVPN, pues la VPN la hacía el linksys a través del bridge y lo compartía a través de la interfaz Tap.


Esto se usó mucho, pero muchas veces los Linksys no eran del todo fiables, las descargas eléctricas llegaban a flashear el firmware y había que reconfigurarlos los routers.


Desde hace algunos años salieron teléfonos IP con soporte OpenVPN, los primeros fueron los yealink T26 y T28, aunque no eran tan baratos, pero eran una solución que ya incluía el soporte, después Yealink los introdujo en sus teléfonos de bajo costo como el Yealink T21.


Hace algunos años salió al mercado la marca Fanvil y con ellos sus teléfonos que incluyen muchas características de red avanzadas, una de ellas es el soporte OpenVPN, lo interesante es que este soporte lo incluyeron en su teléfono de bajo costo el Fanvil F52 el cuál puede conseguirse con un costo alrededor de los 50-60 dlls. Por lo que es una opción muy económica de extensiones remotas para los clientes.


Configuración.


La configuración de los Fanvil es muy sencilla:
  • Solo basta habilitar el soporte de OpenVPN en [ Security-VPN ].
  • Posteriormente cargar el archivo de configuración de cliente OpenVPN en [ Security-Security-Update Security File ]. Es importante que el nombre del archivo se nombre client.ovpn.
  • En OpenVPN Files se vería cargado el archivo si fuera exitoso.
  • Reiniciar el teléfono [ Maintenace-Reboot ]


    Si la carga del archivo fue correcta y la conexión VPN se estableció en el teléfono entonces se vería la IP de la red privada en [ Security-VPN-Virtual Private Network Status - Ip Address ]


    Si el servidor OpenVPN está en el mismo Asterisk, entonces solo en la configuración de la cuenta SIP o IAX poner la IP virtual del servidor VPN por ejemplo 192.168.60.1 y los demás parámetros de registro.


    Para que esto funciones, es recomendable que en el archivo client.ovp esté definido la IP del servidor OpenVPN, el puerto de conexión VPN, las llaves y certificados.


    Con esto se tiene una solución estable de extensiones remotas con teléfonos Fanvil a bajo costo.
  • HandBrake-CLI Excelente ripper de DVDs para Linux

    Hace unos días intentaba copiar parte de un DVD y convertirlo a MP4, lo intenté con varias herramientas pero no pude, por falta de tiempo no lo intenté más. Después de buscar en google como hacerlo, encontré la herramienta HandBrakeCLI y resultó muy sencillo hacerlo.


    Solo bastó ejecutar el siguiente comando:

     
    HandBrakeCLI -i /dev/sr0 -o video.mp4
     


    Donde /dev/sr0 es la únidad óptica de mi laptop y en minutos quedó convertido el DVD a formato de video, después de eso solo usé ffmpeg para obtener la parte del video que me interesaba.


    Y así se podría cortar parte de un video usando avconv
     
    avconv -i videoDeEntrada.mkv -ss 00:01:20 -t 00:00:30 -vcodec copy -acodec copy videoDeSalida.mkv
     

    Travesía San Rafael-Ayoloco-Cumbre Iztaccihuatl-La Joya

    Después de varios intensos entrenamientos con los Caminantes Extremos Anahuac, el día había llegado, ahí estábamos en la estación del metro aeropuerto, reconociéndonos para saber quienes serían nuestros compañeros de viaje, apenas hubo tiempo para saludarnos y comentar lo intensa que sería aquella travesía; a las 7.30 AM salíamos del metro para abordar sobre la calz. Zaragoza el autobús que nos llevaría hasta San Rafael, población ubicada en las raíces de la montaña abuela Iztaccihuatl.


    A las 9.30 am estábamos ya en San Rafael cerca de los 2,500 MSNM, con el cielo nublado parecía que la lluvia nos agarraría a mitad de la montaña; alguien que no había llegado al punto de reunión llamaba para decir que venía en camino y se le había indicado que llegara en taxi hasta Dos Aguas, hasta ahí caminaríamos para esperarlo 10 minutos, era un trayecto de 1km, algunos pasaban por las tiendas para comprar líquidos y alguna botana para el camino, me confié y pensé que en Dos Aguas estarían abiertas las tiendas del centro turístico, para mi sorpresa estaban cerradas no me quedó más opción que dejar mi pesada mochila y bajar corriendo para encontrar alguna tienda.


    A las 10 am ya estábamos todos en Dos Aguas incluyendo quien venía retrasado, estuvimos unos minutos visitando a la famosa perrita de las montañas quien semanas antes había parido a sus crías.


    El ascenso sería siguiendo el tubo, un tubo de fierro con diámetro de 75cm que trae agua desde las montañas; pero antes de subir, el guía Ome, haría la solicitud de permiso a la abuela montaña y sus guardianes para que nos permitieran caminar entre sus raíces, sopló con fuerza el atecolli mientras dibujaba un círculo en cuatro partes donde a modo de ofrenda poníamos parte de lo que llevábamos de alimento, nos hincamos los 17 caminantes mientras oíamos a Jaime -el retaguardia- pronunciar palabras de permiso, una muestra de humildad ante la madre Naturaleza y un momento de paz que nos anunciaba internamente que aquella experiencia sería algo más que mágico, sería un viaje de riqueza espiritual que cada quien iría descubriendo a lo largo de las veredas.


    El primer tramo fue poco más de dos kilómetros, un tramo de inicio muy intenso, pues la pronunciada subida había que sumarle el resbaloso camino, las piedras que había que trepar, el peso de las mochilas y el comenzar a acostumbrar a los músculos para lo que tenían que enfrentarse.


    Aún no daba los primeros pasos caminando sobre el tubo mojado cuándo mis botas resbalaron, uno de mis bastones se estropeó, en ese momento estaba desconcertado, pues apenas eran un par de metros y ya tenía problemas, en ese momento dudé en continuar, pues al parecer las suelas vibram de mis botas no estaban siendo de ayuda, en ese instante me arrepentí de comprar unas botas mexicanas Berrendo en vez de adquirir otras de marca extranjera, decidí intentarlo pero ya no caminando sobre el tubo aunque había tramos que no había opción, no me sentía seguro, afortunadamente los bastones sirvieron para equilibrarme.







    El ascenso aunque era pesado no lo sentimos tanto, pues estábamos cargados de fuerza y energía, aunque nos retrasamos de los punteros pues al caminar uno tras otro, nos dimos cuenta que uno de nosotros venía ya resintiendo la subida, por lo que al separarnos del guía perdimos el rumbo por un instante; llegamos por fin hasta los estanques ahí dónde Don Lencho siempre tiene al menos un café para los caminantes que vienen de regreso de las cascadas diamante u otro lugar de aquella montaña.


    Seguimos subiendo sin parar hasta llegar a Nexcoalanco entre un camino resbaladizo por partes donde más de uno sucumbió otros más hasta repetimos, ahí ya escuchábamos gritos del reta para que fuéramos más despacio pues el que había llegado tarde venía resintiendo la subida. Habían pasado más de 6km de subida, apenas llevábamos hora y media caminando y habíamos ascendido a casi 3,400 msnm, fue un alivio dejar las mochilas pesadas mientras ordenábamos unas quesadillas y otros pedían un tequila para reconfortar las fuerzas, ahí me enteré que el guía y el reta son vegetarianos pues no quisieron las quesadillas de tinga y las cambiaron por las de hongo con queso.


    Después de una hora cargamos las mochilas y seguimos sobre un camino plano que bordeaba las peñas, caminamos sobre los bordes del acueducto de piedra, al dar vuelta a una peña, el guía nos comentó que al voltear la peña podríamos ya ver La Iztaccihuatl, pero no recomendaba hacerlo que mejor agacháramos la cabeza, pues quien desde ahí veía la Iztaccihuatl más adelante la montaña no le permitiría continuar así caminamos un tramo corto hasta llegar a donde comenzaba Loma Larga. Estábamos ahí rellenando los botes de agua cuando la perrita de la montaña nos dio alcance.


    El ascenso nuevamente comenzaba, entendí porque se llama Loma Larga cuando subida tras subida parecía inacabable aquella cuesta y cada que pensaba que la subida terminaba venía otra con un nombre diferente que escuchaba nombrar como Peña Perros, Tumba Burros, Valle de los arrepentidos, etc. prácticamente los pasos ya eran menos intensos que al principio e íbamos a paso de bebé como le llamaba el guía, pero puedo asegurar que no tenían nada de bebé.


    A mitad de las subidas nos detuvimos, abajo se oían gritos que alguien se había acalambrado y tenía problemas para subir, los punteros bajaron sin sus mochilas para llegar al reta quien venía ya muy retrasado con el compañero que en un principio había llegado tarde, ahí tomaron la decisión que debía regresar, aun era buena hora para que no le agarrara la noche en el descenso de lo contrario complicaría a todos todavía el trayecto pues no íbamos ni a la mitad.


    La caminata continuó hasta llegar al valle del silencio, ahí paramos un instante para hidratarnos, desde ahí ya se comenzaba a ver con claridad la cabeza blanca de La Iztaccihuatl. Seguimos la subida entre piedras pues habíamos pasado ya el bosque de Oyameles que se dan entre los 2000 y 4000 msnm. Al pasar por Nahualac el alto al fondo bajo el pecho del Izta se divisaba un cañón y desde ahí se desprendía una cascada, no daba crédito a tal hermoso paisaje, parecía como salido de un cuento de J.R. Tolkien desafortunadamente mi cámara la tenía hasta el fondo de la mochila que no había tiempo para parar y sacarla, pues los compañeros seguían un ritmo de caminata sin parar. Seguimos subiendo entre piedras y tierra hasta llegar a los 4,200 msnm habíamos ya caminado 18 km de trayecto teniendo un ascenso de casi 1,700 msnm ahí paramos media hora para comer eran ya las 5 de la tarde y faltaban muchas horas más de camino.


    La subida seguía, las fuerzas ya no eran las mismas y el sol al horizonte comenzaba a dibujar sus últimos rayos cuando a mitad de aquel ascenso sobre las nubes pudimos observar como el astro mayor se despedía, lo hacía de forma grandiosa al crear una ilusión de hacerse mucho más grande entre las nubes, uno de los momentos más emocionantes para todos mientras dábamos gracias a la vida por experimentar tales momentos, ahí sentados viendo aquel espectáculo parecíamos estar en otro planeta viendo como su sol se ocultaba.








    La tarde se oscurecía y la noche nos alcanzó, 2 grados marcaba el termómetro del reloj, la luna apenas creciente iluminaba el andar, los más rudos seguían el camino con lo que la luna alcanzaba alumbrar otros empezábamos a sacar las lámparas y continuábamos el andar entre los bordes de piedras de la majestuosa montaña. Los minutos pasaban sin darnos cuenta como también parecía que no dábamos cuenta del avance del caminar. En una parte del oscuro recorrido se alcanzaba a divisar la Ciudad de México y sus luces, la calz. zaragoza a lo lejos parecía una torre iluminada que cruzaba el oriente de la ciudad, mientras atrás de nosotros volteando hacia la montaña se oía el silencio y se divisaba lo que parecía ser la vía láctea.


    Eran ya más de la nueve de la noche, el guía pedía a todos que sacaran su piolet y se pusieran los cascos; estaba desconcertado, nunca había usado un piolet y aun estaba con la bolsa como lo había comprado, igual que el casco. El objetivo era bajar un pronunciado terreno arenoso, pregunté al que iba adelante de mi como se usaba el piolet para bajar aquel abismo, alcancé a escuchar de él mientras bajaba "aquí se hace como puedas", sin dudarlo le hice caso, pero a los primeros pasos sentí que me iba, en ese momento sentí lo que es el pánico escénico y al pensar que me iba por un momento lo comparé con las veces que me han puesto una pistola en la cabeza, entré en pánico y no quería moverme de aquella piedra que me sostenía, por unos momentos pensé que ahí pasaría toda la noche, pero Luis Angel Nieto con calma me dijo como usar el piolet y la forma de bajar, respiré, empecé a deslizarme por aquella bajada arenosa y apoyarme con el piolet hasta que el miedo se desvaneció y con más confianza lo fui haciendo, iba a mitad de la bajada cuándo veía que los punteros ya comenzaban a subir y bordear la montaña, el grupo empezaba a separarse y los gritos de Chicahuac se oían a la distancia.


    Eran ya las 10 de la noche, entre gritos y las luces de las lámparas nos íbamos guiando para no perdernos, por un instante alguien ordenó que paráramos pues algunos compañeros venían retrasados, pero los punteros parecían no escuchar y veía como algunas lámparas en la altura se iban alejando. Después de descansar unos minutos comencé a ascender, en ese momento sentía que el aire me faltaba y aunque no me sentía cansado mi cerebro parecía ya no saber como darle órdenes a mis extremidades para seguir subiendo, cada paso más por gusto o por diversión era por supervivencia trataba de decirme solo 20 pasos, solo 20 pasos, pero daba apenas 10 y quería tragarme todo el aire que ahí hubiera, atrás veía lámparas y adelante ya no veía ninguna, así pasaron los minutos cuando escucho una voz que gritaba "¡Chicahuac! ya estamos en el refugio, ánimos compañeros solo es esta subida", en ese momento me acordé de Cristobal Colón y lo que debieron sentir los tripulantes de la Santa María cuando Rodrigo de Triana gritó ¡Tierra! ¡Tierra!, en ese momento la consciencia despertó puse música de cello en los audífonos y recuperé fuerzas para subir, aquella fuerza del cello era una oda a la gloria cuando pisaba aquel plano del refugio de Ayoloco a 4, 600 msnm, me sentía muy emocionado.


    Descargué la pesada mochila y descansé un instante.


    Eran las 10.30 pm el viento arreciaba y la sensación térmica parecía de -6 grados, era momento de poner la casa de campaña, Oto me ayudó pero aquel lugar al ser pura piedra fue difícil poder sembrar lo clavos para fijar la casa de campaña, después de una hora por fin la casa de campaña estaba lista, pues aunque había tenido varias salidas esta casa nunca la había armado siempre armábamos la de otro compañero, por lo que esta vez se dificultó. Mi bote de agua empezaba a congelarse y sentía el hielo mientras bebía el agua; quería poner un café, pero la estufa nunca prendió, después de intentarlo preferí meterme en mi sleeping con el deseo de quedar dormido, pero no sé si era la adrenalina, el frío, el viento, la altura pero no recuerdo haber conciliado el sueño, por momentos escuchar el fuerte serpenteo del viento temía que el techo de la casa saliera volando. Tenía ganas de orinar, pero tan acurrucado que estaba dentro del sleeping me hacían aguantarme las ganas para salir, pero hubo que hacerlo en algún momento de la madrugada. En algún instante de la madrugada oí gritos apresurados afuera, a unos compañeros el viento había tirádoles la casa y se oían muy apurados.


    A las 5 AM en el nuevo horario, 6 AM del anterior, el cambio de horario nos había agarrado a mitad de la montaña, sonaba el inseparable atecolli del guía, teníamos una hora para levantar todo, no había forma de excusarse y pedir cinco minutos mas, el tiempo en la montaña parece irse más rápido cuándo se trata de recorrerlo.


    El nuevo reto se dibujaba al alzar la mirada, vestida de blanco y oro como el color de sus paredes de piedra. El casco, la pesada mochila en la espalda, las polainas para nieve y tierra cubrían las botas y el pantalón, el piolet en una mano, en el otro un bastón y las gafas para evitar ceguera de montaña al reflejarse el sol sobre la nieve, así comenzaba el ascenso.


    Tenía miedo que mis botas me jugaran una mala pasada, afortunadamente la nieve estaba dura y las botas no resbalaban.


    La idea era subir primero a la panza del Iztaccihuatl a 5, 080 msnm, de ahí caminar sobre sus aristas para llegar al pecho su máxima altura 5, 238 msnm.


    500 metros se escuchaban fáciles, pero no era así, más en una pronunciada subida de hielo conocido como el glaciar de Ayoloco, que podría decir tendría unos 50 grados de inclinación. Paso a paso fuimos subiendo, el guía, Ome, lidereaba la travesía e iba esculpiendo los escalones sobre aquella nieve dura, sin duda una labor titánica, labrar escalones de nieve en un tramo de 300 metros no debe ser fácil y requiere fuerza excepcional; uno tras otro íbamos atrás de él, sin crampones, sin cuerdas, solo teníamos nuestra fuerza física y mental para soportar el nervio de cada paso y mantener la calma al voltear y ver como rocas de nieve se perdían entre la resbaladiza pendiente de nieve, pero el viento nos hacía ver el borde de la vida donde estábamos parados al empujar sus brazos sobre nosotros que al sentir su presencia nos inclinábamos y clavábamos el piolet para equilibrarnos al estar ahí parados a mitad de aquella pendiente de nieve. Los guantes se me habían olvidado y las manos las empezaba a tener moradas del frío que ahí se sentía, afortunadamente uno de los compañeros Juan Antonio Silvar me prestó unos guantes extras que llevaba.


    Por fin después de cuatros horas y media, pisábamos la panza de La Iztaccihuatl, una explosión y fumarola del Popocatepetl nos recibían, mientras subíamos veíamos a otros montañistas que seguían la ruta más fácil de La Joya a la cima y que se detenían a observar nuestro intrépido ascenso. Pero faltaba otro tramo más para llegar a la cima, así que después de subir y bajar llegamos al pecho de La Izta, sentía a cada paso que el aire me faltaba y el peso de la mochila lo sentía al doble, pero desde ahí a 5 238 msnm se divisaba en 360 grados todo el horizonte y sus montañas. El nevado de Toluca, el pico de Orizaba, el cofre del Perote, el Tepozteco, la sierra de Guadalupe, el monte Tlaloc, todas las cimas alcanzaban asomarse más allá de las nubes para celebrar con nosotros nuestro ascenso.


    Todavía faltaba unos metros más para llegar a una de las otras dos cimas, los pezones de La Izta, pero yo sentía que ya no podía mi mente se había programado para llegar a esta cima y desde ahí quedaría un instante a descansar para admirar el horizonte, mientras los compañeros festejaban más adelante.


    El regreso empezaba, cada quien adelantaba el paso a su ritmo, ya no había tiempos que vencer ahora la mente se programaba para llegar hasta un lugar seguro donde no existieran bordes y precipicios de nieve que un mal paso sin parar te deslizara al precipicio o hacia una de las frías lagunas de hielo que había en el Izta, en esos momentos mientras caminaba por las aristas de la montaña y veía de un lado abismos de nieve trataba de recapitular del porqué estaba ahí, en que momento decidí pasar de la diversión y la adrenalina de la montaña a ponerme entre los bordes de la vida y la muerte, gracias a esto tomé con más seriedad el regreso y aseguraba mis pasos, quería contar esto de verdad quería hacer que la esfuerzo valiera la pena y para esto necesitaba ir paso a paso sin subestimar la montaña.


    Las jorobas de nieve del Izta habían sido logradas, pero uno de mis bastones, un guante y una tapa de mi cámara se habían deslizado entre la profundidad de la montaña; estábamos ya en el refugio Dr. Luis Méndez conocida como las Rodillas del Izta, desde ahí a 350 metros de desnivel se veía el refugio de los Cien, al fondo se veía La Joya y Paso de Cortés, a la sombra del fantástico volcán Popocatepetl.


    Pero no era nada fácil todavía el tramo por seguir, había que bajar un voladero de 350 metros para llegar al refugio de los cien, un terreno arenoso que gracias a la experiencia de la noche anterior el descenso no fue fácil pero si menos temeroso, con caídas y sentones a cada rato, pero después del esfuerzo mis rodillas soportaron tal ajetreo hasta llegar al refugio de los cien donde ya varios compañeros esperaban.







    Esperamos un rato mientras demás compañeros seguían bajando, pero tomaron otra ruta que los llevo a una peña que a lo lejos se veía más complicado su descenso, por fin a las 3 PM ya estábamos en el refugio, haciendo cálculos aún faltaban 4 Km para llegar a La Joya y 11.5 kilómetros para llegar a Paso de Cortés. Estábamos ahí cuando vimos que de La Joya venía Gabriel Camacho quien no había subido con nosotros pero también es un caminante extremo y venía a reconocer la ruta para guiar a los caminantes que no hicieron esta travesía. Después de beber la poca agua que nos quedaba y comer algo, había que volver a cargar las mochilas y continuar el descenso, más por instinto que por fuerzas seguimos el camino de los portillos, uno tras otro en esos caminos empedrados que parecían no tener fin. Muchos compañeros ya habían apresurado el paso; el guía Ome, Jaime Ticitl Painalli, Ruben Alvarez, Oto El Piloto, Allan Hernandez, Bere, Gabriel Camacho y yo al llegar al portillo que separaba La Izta de La Joya ahí nos detuvimos un instante para agradecer a la montaña y sus guardianes el buen viaje que nos había permitido y despedirnos de la montaña con el sonido del Caracol .


    La tarde noche se hacía presente y entre las nubes el sol iba difuminando el bello atardecer, justo al pisar La Joya -ahí donde termina la carretera de terracería que viene de Paso de Cortés- nos agarró la noche, hasta ese momento me sentí seguro en mi andar, pensábamos que los compañeros habían seguido el camino, pero no, nos estaban ahí esperando.


    Todavía había que caminar hasta paso de cortés, 7.5 km restaban, ya la mente estaba programada para continuar sin tomar la opinión de la fuerza física, ahora la preocupación era como llegar de Paso de Cortés a Amecameca, pues de ahí son todavía 22.5 Km por lo que pedimos a un compañero que se fuera en el auto de Gabriel y subiera una combi a Paso de Cortés para traernos. Pero de momento las cosas cambiaron, una camioneta de los que ahí venden quesadillas estaba por bajar a paso de cortés, Ome y Jaime ya habían adelantado el paso, los demás nos trepamos a la caja de la camioneta y más adelante subieron el guía y el reta.


    Afortunadamente en Paso de Cortés, una combi nos llevo hasta Amecameca y de ahí tomamos un AU que nos llevo a la tapo, a las 11.30 PM estaba ya aquí en casa tomando un baño y un café.


    Debo agradecer a la vida, pues hace 10 meses cuando estaba sin poder moverme por un disco lumbar pensé que nunca podría continuar disfrutando de las montañas, temía no volver a caminar, correr o saltar; aun no puedo correr ni saltar pero agradezco que mis pies ya puedan andar sin parar y llegar hasta una cima como La Iztaccihuatl, la emoción de vencer los miedos, sobreponerte y vencer tus límites es única, volver a piso firme y darse cuenta que la voluntad puede llegar más allá de la destreza y que los temores solo vencen enfrentándolos, regresando y dar vuelta atrás nunca te llevará a ver más allá de la cima y admirar el horizonte que hay detrás de las piedras.


    Gracias a todos los caminantes de esta vida con los que en algún momento he compartido destinos en las veredas de nuestras historias, seguiremos andando sin deseos de parar solo hasta que el tiempo de la vida nos reclame pero por lo mientras a seguir cruzando senderos y haciendo travesías que superen nuestros límites personales.


    Un honor seguir coincidiendo en el camino.

    Script para monitoreo de voltaje de líneas telefónicas en Asterisk y tarjetas Sangoma

    Las tarjetas Sangoma tienen un módulo que permite conocer el voltaje de una línea telefónica dependiendo su estatus. Si una línea telefónica no está conectada tiene un voltaje 0 o 1 volts; si está siendo ocupada la línea en una llamada, el valor generalmente es 6, pero puede variar entre 6 y 13; si la línea está disponible para usarse, el voltaje varía entre 46 y 56 volts; si hay otros valores de voltaje probablemente esté mal ponchado el conector RJ11, RJ9 o haya un fallo en la línea telefónica.


    Con esto es muy fácil hacer un script que nos permita monitorear en tiempo real el status de cada línea, ya que el comando nos lo permite saber puerto por puerto, pero con un script podemos monitorear todas al mismo tiempo y sernos útil mientras estamos conectando las líneas sin tener que estar cambiando el número de puerto a monitorear.


    El Script básicamente es el siguiente, obtiene cuales son las interfaces de sangoma, lee el archivo de configuración de DAHDI y ejecuta el comando de verificación de voltaje del puerto de cada interfax, por ejemplo:


    wanpipemon -i w1g1 -c astats -m 1

     
    #!/bin/bash
    for interface in `ifconfig | grep w | gawk '{print $1}' FS=" "`<img src="plugins/Emoticons/images/face-smile-big.png" border="0" alt="face-smile-big.png " width="16" height="16" />o
            echo "Monitoreando Interface: $interface\n":
            x=1
            for puerto in `cat /etc/dahdi/system.conf | grep fxs` ; do
                    echo "\nLinea: $x ($puerto)"
                    wanpipemon -i $interface -c astats -m $x | grep Volts
                    x=$((x+1))
            done
    done
     
    Este script se puede conjugar junto con el comando watch de linux y refrescar la información cada ciertos segundos, por ejemplo, ejecutar el script cada 2 segundos y ver el status de las líneas:
     
    watch -n2 sh lineas.sh
     

    Aplicaciones para monitoreo, rastreo y espionaje de dispositivos móviles.

    En la actualidad ya existen teléfonos móviles como personas en el mundo, la cifra ya supera los 7,000 millones de móviles y su popularidad enmarcada por diversas ventajas también ha pasado a generar cierta industria que aprovecha el desconocimiento tecnológico de los usuarios para aprovechar vulnerabilidades de sistemas embebidos en desarrollo, creando malware para monitorear, rastrear y espiar a los usuarios con fines personales, espionaje con fines industriales, delictivos o gubernamentales.


    El espionaje puede consistir desde escuchar las conversaciones de voz de un usuario, leer sus mensajes sms, capturar todo lo que escribe en el teléfono, saber su ubicación, obtener sus password de acceso a correo, activar el micrófono o la cámara y grabar lo que sucede en su entorno, usarlo como un medio de acceso a la red de su empresa y obtener secretos industriales, etc.


    Estas herramientas existen desde hace más de una década, desde el florecimiento de los primeros teléfonos móviles, cuando las redes de telefonía no usaban ningún algoritmo de codificación y cualquiera con un escucha en la misma frecuencia podía capturar la conversación, el espionaje se ha dado en todos los momentos de la historia, pero la tecnología lo ha hecho mas fácil de realizar, desde la colocación de policías escuchando físicamente conversaciones en las centrales telefónicas hasta servidores espía ubicados en los principales datacenters de los proveedores de internet.


    la película Enemigo Público con Will Smith surgida a finales de los 90s, mostraba este espionaje que se venía dando desde años atrás y con el atentado de las torres gemelas, se firmó la ley patriota, ley que obligaba a todas las empresas nortemericanas de tecnología brindar una puerta trasera a la CIA para acceso a sus sistemas.


    En la actualidad gracias a la popularidad de los dispositivos móviles, el desarrollo de software espía ya no es exclusivo del gobierno o de hackers elite obteniendo información desde un cuarto obscuro mientras comen pizza y toman pepsi. Comercialmente existen diversas aplicaciones que pueden descargarse e infectar al equipo deseado para espiarlo. Estas herramientas en principio puedes usarlas para beneficio personal, instalarlo en tu propio dispositivo y en caso de robo o pérdida, poder acceder al teléfono remotamente y borrar toda la información o grabar el rostro de quien te robó el teléfono. Pero también puede usarse para fines perversos, una empresa puede usarlo para espiar a sus empleados, una esposa o esposo celoso para rastrear donde anda su cónyuge, o el gobierno para monitorear a un periodista, etc.


    Algunas de estas herramientas que se pueden obtener desde internet:

  • mSpy: Uno de las aplicaciones de espionaje más completas.
  • Maxxspy: Monitorea todas las actividades del teléfono infectado.
  • Cell Tracker: Envía automáticamente la información de donde un teléfono se ubica y lo rastrea a través de Google Maps.
  • Mobile Hidden Camera: Captura fotos sin generar sospechas y las envía a una dirección de correo electrónico.
  • Punch Security: Un software de espionaje muy completo desarrollado por hackers mexicanos.
  • Sneaky Cam: Graba videos sin que nadie sepa que lo estás haciendo.
  • MobiStealth: Software que permite vigilar las actividades de los hijos al usar un móvil, saber su ubicación, tomar fotos de sus actividades, revisar sus mensajes, etc.
  • FlexiSpy: Todo lo que puedas espiar en un teléfono móvil: Chats, Conversaciones de voz, imágenes, videos, páginas web, etc.
  • Spyera: Aplicación que conecta a un servidor que elijas y envía información obtenida desde la cámara del usuario, fotos, conversaciones de voz, activación de micrófono, etc.
  • TopSpy: Un software de espionaje con funciones básicas de monitoreo como lectura de SMS, rastreo GPS, etc.


    Por ello es altamente recomendable:/b>

  • Nunca dejar tu teléfono a alguien desconocido, pues no sabes que software instalará en tu dispositivo.
  • No descargues apps que desconozcas su función.
  • Evita cualquier app no firmada o gratuita.
  • Cuidado con las memorias usb pueden estar infectadas de malware.
  • Nunca te fíes de redes inalámbricas abiertas, no sabes si hay un sniffer o un dns spoffing del otro lado.
  • Nunca teclees tu password en un cybercafé, y si lo vas hacer, usa un teclado virtual en pantalla, pero no uses el teclado físico.
  • Por más que te invada el morbo, evita darle click a vídeos o fotos morbosas en facebook que te conduzcan a sitios desconocidos.
  • Nunca, nunca prestes tu teléfono, mucho menos lo conectes por usb a una computadora que no conozcas, los teléfonos pueden ser infectados en automático cuándo están en modo depuración y se conectan por usb a una computadora.
  • Cuidado con los teléfonos chinos, como el M4, hay pruebas que estos teléfonos de fábrica vienen precargados con spyware.
  • Consulta a un especialista para que analice tu dispositivo y ver si no está infectado.

  • ¿Como permitir temporalmente introducir valores no estándar en configuración de troncales SIP de FreePBX?

    Un cliente requirió enviar aleatoriamente un CID en cierto rango, al igual que enviar un prefijo de marcación. FreePBX no lo permite, por lo que después de revisar el código pude modificar temporalmente el script para permitir usar la troncal personalizada.


    para este caso en Elastix solo bastó modificar el archivo /var/www/html/admin/modules/core/page.trunks.php y solo temporalmente modifiqué las negaciones en las líneas 1012 y 1018

     
    if (!isCallerID(theForm.outcid.value))
    return warnInvalid(theForm.outcid, msgInvalidOutboundCID);
     
    if (!isInteger(theForm.maxchans.value))
    return warnInvalid(theForm.maxchans, msgInvalidMaxChans);
     
    if (!isDialIdentifierSpecial(theForm.dialoutprefix.value))
    return warnInvalid(theForm.dialoutprefix, msgInvalidOutboundDialPrefix);
     
     


    Quedó así:

     
    if (isCallerID(theForm.outcid.value))
    return warnInvalid(theForm.outcid, msgInvalidOutboundCID);
     
    if (!isInteger(theForm.maxchans.value))
    return warnInvalid(theForm.maxchans, msgInvalidMaxChans);
     
    if (isDialIdentifierSpecial(theForm.dialoutprefix.value))
    return warnInvalid(theForm.dialoutprefix, msgInvalidOutboundDialPrefix);
     
     


    Con esto la troncal envía el prefijo personalizado incluyendo caracteres no permitidos e igual envía un CID aleatorio en el rango indicado.

    Que llevar en una mochila para acampar en la montaña

    Por si alguien le sirve, aquí lo básico para cargar en una mochila para una travesía y acampar en la montaña.

  • Mochila de 40 lts al menos - Si compran mochilas tipo NicksClub, etc. lleven aguja capotera e hilo cáñamo, pues son de poco aguante y se llegan a descoser, hay mochilas baratas buenas como Izta-Popo, Sierra Verde o Expedition.
  • Casa de campaña - Recomendable para clima 3 y 4.
  • Sleeping - Hay hasta para -20 grados, con uno de -4 grados duermen calientito
  • Bajocama - para evitar el frío del suelo, hay hasta de 80 pesos hechos de fomi.
  • Lámpara - recomendable las petzel, las de led su batería les durará muchas salidas.
  • Impermeable - recomiendo las térmicas, su función térmica nunca saben cuando les salvará la vida, opcionalmente una manta térmica son buenas para casos de spervivencia.
  • Botas - recomendable con suela vibram.
  • Polainas - son buenas para evitar que la nieve y la arena entren al calzado, pueden invertir un poco más y hasta les sirve contra picaduras de serpientes.
  • Un cambio de calzado por si llueve o para estar cómodos en el campamento, eviten usar tenis converse o zapatos planos sin dibujo en la suela, en caso de que lleven tenis recomiendo tipo Reebok Zig Wild o Nike Lunar Trail.
  • Impermeable . recomiendo térmico y tipo poncho para que también ayude a cubrir la mochila.
  • Protección para su mochila en caso de lluvia, también para su sleeping y casa de campaña en caso de que vayan por fuera de la mochila.
  • Casco - para evitar un accidente en caso de caída o desprendimiento de roca.
  • Piolet - Necesarios en terrenos empinados de nieve o arena.
  • Bastones - recomendable para el trekking, para las bajadas ayudan a desgastar menos las rodillas y en el ascenso hacen menos cansada la subida.
  • Tres capas de ropa: Chamarra, sudadera polar y playera térmica tipo dry fit recomiendo las under armour, también pueden adquirir mallas térmicas, son excelentes para el frío y pueden usarlas bajo la bermuda o pantalón.
  • Gorro o buff polar.
  • Al menos dos calcetas gruesas, de preferencia de lana.
  • Guantes - los de gasero del home depot son buenos para caminata en roca, maleza, etc., pero no para el frío.
  • Cuatro litros de agua, recomiendo adicionalmente llevar una bebida dulce como pepsi o coca de 600 ml.
  • Comida - algo práctico atún. Si llevan estufa, pueden empezar a congelar sus alimentos y allá descongelarlos, como pollo, arroz, etc. recomendable también llevar plátanos o aguacate para los calambres.
  • Chocolates y frutos secos . Son muy buenos para el mal de montaña, siempre lleven algo extra para el compañero de a lado, se los agradecerá.
  • Es recomendable llevar vendas, lonol o algo para el dolor muscular, un antidiarreico, paracetamol de 1gm para el dolor de cabeza o falta de sueño antes de dormir por la altura, crema solar, crema labial y también unas buscapinas.
  • Navaja
  • Encendedor
  • Silbato
  • Gafas para sol
  • Papel higiénico.


    Desde mi punto de vista es lo mínimo a cargar en la mochila.
    Opcionalmente pueden llevar:

  • Mini estufa.
  • Reloj
  • Brújula
  • GPS con el mapa de la zona - recomiendo el software LocusPro para Android o iPhone.
  • Respaldo de batería para recargar celular u otro aparato por mini usb.
  • Cucharas, tenedores, jarra.
  • Cuerda estática 15-20mts
  • Mosquetón
  • Crampones - para terrenos de mucha nieve.
  • Cámara
  • Bolígrafo y papel
  • Teléfono móvil para llamadas de emergencia si hay señal en la zona. Recomendable usarlo en modo avión durante el transcurso de la ruta para evitar descarga de la batería.


    Muy importarse es hidratarse muy bien días antes del ascenso, dormir bien antes de subir y durante la caminata ir tomando agua aunque no tengan sed para evitar deshidratación y calambres musculares.

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